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De eso no se habla
De eso no se habla
Lunáticas. Episodio 5: De Loli sí se habla
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Hola a todas, hola a todos.

Conchi: ¡Encantada!

Ha pasado más de un año desde que empezamos a grabar este podcast.

Isabel: Qué guapa.

Conchi: Gracias.

Desde que Érica sabía apenas lo que le había su madre cuando le preguntó por qué su abuela no tenía DNI hasta saber lo que hizo en Bilbao han pasado muchas cosas.

Isabel: Habláis igual.

Érica: Sí, eso nos dicen.

Ha habido descubrimientos, reencuentros, algunas respuestas y muchas, muchas preguntas.

Conchi: Tenía muchas ganas de conocerte, Andrea, porque me ha hablado tanto Érica de ti…

Y ahora ha llegado el momento de cerrar esta historia.

Conchi: Para luego irnos a tomar unas cervecitas o unos vinos…

Empezamos esta investigación con un evento público en el bar de Olga, en Bilbao. Y tenemos clarísimo cómo queremos terminarla.

Isabel: Quiero saber si Conchi está cómoda…

Alrededor de una mesa

Conchi: Estoy nerviosa.

Reuniendo a sus protagonistas: a Andrea, a Érica, y sobre todo a Conchi.

Conchi: ¿Hablo?

La madre de Érica, la hija de Loli. En cierto sentido, ella ha sido la protagonista silenciosa de esta historia.

Isabel: ¿Cómo te sientes?

Andrea y yo acabamos de conocerla. Estamos todas muy emocionadas. También ella.

Conchi: Muy emocionada.

Isabel: ¿Por qué?

Ha llegado el momento de hablar de Loli.

Conchi: Hombre, porque vamos a hablar de la vida de mi madre. Y es un día muy especial y muy bonito.

Bienvenidas y bienvenidos a Lunáticas, la serie de (De eso no se habla) y Producciones del KO.

Conchi: Hombre, me gustaría que estuviese aquí mi madre para poder hablar de su historia.

Este es el episodio final: De Loli sí se habla.

Érica: ¿Qué querías hacer?

Andrea: La ouija.

Conchi: ¡Es que eso es lo que había pensado yo! Digo, pues ponemos aquí una ouija y preguntamos a la Lola (risas).

Isabel: Pues hagámoslo.

[Sintonía: Lunáticas]

Es jueves por la tarde. Estamos en las oficinas de Libros del KO, en una sala pequeña llena de libros. Estamos aquí porque los libros amortiguan el sonido y también porque en medio de la sala hay una gran mesa. Hemos puesto cuatro micrófonos y ahí estamos, sentadas alrededor de esa mesa. Érica, Andrea, Conchi y yo.

Isabel: Os voy a decir unas cositas de funcionamiento, ¿vale? Para que sepamos todas…

Probamos los micros…

Andrea: A ver, ¿estamos?

Los sincronizamos, o lo intentamos, con las palmadas…

Todas: Una, dos y tres

[Palmadas]

Y empezamos.

Isabel: ¿Estás bien?

Érica: Sí.

Andrea: Perfecto.

Isabel: Vale.

Desde el principio de este podcast ha habido un término en el que hemos dudado mucho. Es la palabra que tenemos que usar para definir la ausencia, la desaparición, la falta de Loli. Y ahora que teníamos a Conchi delante era el momento de preguntárselo, de dejar claras las palabras.

Isabel: Al escribir el guion estamos como dándole muchas vueltas a la palabra “abandono”. Y lo quería compartir con vosotras, ¿no? Que yo no sé si vosotras, bueno, si tú sientes que tu madre te abandonó, la verdad. Esa es la pregunta. O…

Conchi: Sí, sí. Sí lo siento. Sí siento que me abandonó. Muchísimo. La he echado muchísimo de menos en muchas ocasiones, por muchos motivos… Me hubiese ayudado mucho tenerla a mi lado, porque lo he pasado muy mal, desgraciadamente. Y sí, sí siento que me ha abandonado.

Y ahora que ya tenemos clara la palabra, Conchi nos cuenta que ese abandono estuvo ahí desde siempre. Conchi, lo sabemos, se crio con sus abuelos maternos y no recuerda su infancia como un periodo feliz.

Conchi: yo realmente estaba bien cuando estaba con mis primos y con la familia, pero luego yo me he sentido muy sola. Me he sentido muy sola. Yo para mí mi infancia ha sido en un cuarto de estar. En un cuarto de estar.

En ese cuarto de estar, a veces, sonaba el teléfono. Era su madre.

Conchi: Mis abuelos eran los que cogían la llamada y ya me pasaban el teléfono. Pero no sabía ni dónde estaba ni me daban explicaciones ni nada.

Isabel: ¿Y te acuerdas de qué hablabais?

Conchi: No. Bueno, puedo recordar que era una sensación rara, extraña. Hablabas con una persona que no la pones ni cara ni nada, o sea, era… Yo qué sé, es como… Yo qué sé, muy raro.

Andrea: ¿No había una foto suya en casa?

Conchi: Mm… No. Ni tampoco me la enseñaban si la tenían.

Érica: Hombre, existir, existían, porque luego nos las ha enseñado la tía.

Conchi: Pero no las tenían puestas, no. No me la enseñaban.

Isabel: ¿Tú preguntabas en casa?

Conchi: Yo no, yo era muy pequeña para preguntar.

Conchi no recuerda qué edad tenía cuando volvió a ver a su madre por primera vez desde que se marchó, pero sí recuerda cómo fue.

Conchi: Yo recuerdo que yo estaba en la entrada de la cocina, ella llegó y entonces pues me dio un beso y yo le dije “Hola, Loli”. Yo recuerdo que yo estaba como muy achicada, como… No nerviosa, sino… Como vergonzosa. De que vas a conocer a una persona que te dicen que es tu madre pero que no conoces.

Andrea: ¿Te llevó algún regalo?

Conchi: Pues llevó un perro que a mí me hizo muchísima ilusión. Pero luego se lo volvieron a llevar porque mi abuela y mi abuelo no querían. Vamos, a mí me hubiera dado la vida ese perro. Me hubiera ayudado mucho, porque esa soledad que yo tenía en ese cuarto de estar, pues… Yo creo que llevó al perro porque algo ella sentía.

Pero la niña Conchi no solo creció sin su madre. Tampoco estaba su padre. Ese era otro de los temas del que teníamos que hablar en esta conversación, pero, cuando pronuncio el nombre de Mateo, Conchi guarda silencio.

Isabel: ¿No quieres hablar de Mateo?

Conchi: No. Para nada, vamos.

Isabel: ¿Nos quieres contar por qué no quieres hablar de él?

Conchi: Porque es que no me apetece en absoluto. No me apetece nada hablar de él.

No le apetece hablar de él, pero a Conchi no le importa contarnos la historia de cómo llegó hasta él.

Conchi: Vamos a ver. Lo voy a contar. Yo como también tengo el ramo un poco parecido a lo de Érica que es la investigación, porque me encanta… Entonces yo un día estaba planchando y dije “jo, yo quiero conocer a mi padre, ¿dónde coño está, qué ha pasado aquí? No sé qué, no sé cuánto”. Y dije “pues venga, vamos a mirar”.

En esos momentos no había internet en los teléfonos y ni siquiera en las casas.

Conchi: Entonces yo tiré de guía, de guía de esta verde. Busqué por apellidos.

Encontró una dirección en Vallecas y fue allí.

Conchi: Y llamé a la puerta. Glin, glin. “Por favor, ¿está Mateo?” “Pues no”.

Conchi le dejó un recado. Unos días después, Mateo la llamó.

Conchi: Y cuando me llamó bueno, pues nos vimos y tal… Y después de vernos y de conocer un poco a su familia y tal, que yo estaba super incómoda, es que no sé… Pues como él no lo tenía claro, me pidió que me hiciera la prueba de paternidad. Y yo accedí a hacerme la prueba de paternidad pero no… No por él, sino… Porque yo tenía claro que yo era su hija, o sea, lo tenía clarísimo. ¿Qué quieres…? O sea, ¿qué quieres que te demuestre? O sea, no sé. Es que tampoco sé por qué lo hice, porque era algo que tenía yo ahí como pendiente, pero… Pero bueno, pues ya, él se lo pasó a su familia… Demostró que yo era su hija, pero ya está. Por eso no quiero hablar de él.

Y como esto iba de buscar respuestas, o al menos de buscar aproximaciones a algunas respuestas, les pregunté a Érica y a Conchi si creían que Mateo tenía alguna responsabilidad en la vida posterior de Loli.

Conchi: Yo creo que toda. Bueno, toda no. A ver, vamos a ver. Si a mí mi padre no me reconoció en su momento y después… O sea, mi madre le denunció porque ella sabía que era mi padre… Fue porque realmente él no quería hacerse cargo de la situación, entonces creo que sí que tuvo responsabilidad.

Érica: Yo lo que sí que creo es que creó esa gran pregunta que no sabemos responder, ¿no? De por qué mi abuela se fue. Yo sí que creo que tuvo mucha relación con aquello. Con cómo se gestionó esto del embarazo y yo creo que tuvo mucho que ver. Ahora, ojalá tener una camarita…

Desgraciadamente no tenemos esa camarita, ni sabemos hacer una ouija, como quería Conchi, para que Loli nos responda. Pero Conchi cree que hay algo más que pudo influir en la desaparición de su madre y en la vida que vivió después.

Conchi: Yo creo que para llegar a realizar la prostitución era porque su lugar donde ella estaba viviendo no estaba bien. Entonces yo creo que parte de ello fueron porque mis abuelos la imponían ciertas normas que a mí luego también mi abuela me las impuso y tuve que tener muchísima fuerza… Y yo creo que fue parte de que mi madre se marchase.

Le pedí que nos contara más sobre esas normas.

Conchi: Pues no me dejaban relacionarme con los niños prácticamente de la calle. Me tenían super protegida. Entonces cuando ya fui un poquito más adulta… Pues en esa época los padres ponían un horario para llegar a casa, ¿no? Pues a mí siempre me lo ponían muchísimo inferior. ¿Entonces eso qué hizo? Pues que yo me volviese arisca. No arisca. Ay, no me sale la palabra. Me volviese…

Érica: Rebelde.

Conchi: Rebelde.

Isabel: ¿Tú la entiendes, a tu madre?

Conchi: Sí, sí, sí. Vamos, me fui yo y no era la misma época… Me escapé de casa, me casé pronto… Porque lo que quería era salir de mi casa.

Érica: Yo alguna vez también he pensado que quizá es como si tú hubieras pagado las consecuencias también de lo que hizo la abuela. En plan, a lo mejor… Yo no sé qué normas le pondrían a ella pero a lo mejor el hecho de que ella se hubiera escapado, o se hubiera ido y no hubieran sabido dónde está… Dijeron “Oye, pues para que no nos pase esto con Conchi, vamos a atarla en corto” y precisamente consiguieron todo lo contrario.

Pero resultaba que Conchi no era la única que había repetido un patrón en la familia.

Érica: Porque al final la yaya Conce también se quedó embarazada sin haberse casado.

Conchi: Exacto.

Érica: Y fue muchísimo tiempo antes, que también estaba…

Conchi: Es verdad.

Érica: Entonces…

La yaya Conce, la bisabuela de Érica, la abuela de Conchi, la madre de Loli. La yaya Conce se casó con el padre de su hija, con el yayo Manolo, pero ese estigma, el de haberse quedado embarazada antes de casarse, en los años 40, no se borró.

Érica: A veces me da por pensar que esa, a lo mejor, forma de ser como estrictos era un poco como por proteger del resto, ¿no? De la sociedad, de lo que puedan pensar los demás y tal, no tanto porque dentro de la familia…

De proteger de una sociedad en la que ser madre soltera estaba tan penalizado, tanto para las que se iban como para las que se quedaban.

Érica: La vecina del barrio, la que se quedó con su hija, que también tuvo una niña soltera…

Érica le está hablando a su madre de Manoli, la mujer que fueron a visitar Andrea y ella al final del episodio anterior.

Érica: Ella contó, ella se quedó pero su vida fue super dura. Tanto por parte del vecindario y de… Como por parte de su familia. O sea, ella se sintió como… Es que no recuerdo cómo lo expresaba, pero al final era, ella iba a currar, volvía a casa, volvía a currar… Como que siempre ella sentía que la estaban echando en cara que tuvo ese error…

Conchi: Sí, vamos, que no era vida.

La vida de Manoli, la vida de Loli, fueron vidas definidas, en parte, por ese estigma. Igual que la vida de Mª Isabel, la protagonista del libro de Andrea.

Isabel: Eso iba a decir, que no podemos saber lo que le pasó a Loli pero sí tenemos la historia de lo que les pasaba a las mujeres como Loli, ¿no?

Conchi: Claro, claro.

Andrea: Sí, las circunstancias son muy parecidas, ¿no? A las que vivió Mª Isabel. Ella también queda embarazada sin estar casada, el padre de su hijo tampoco se hace cargo, ¿no? Vamos, lo sabemos de sobra que las mujeres que en ciertos años tuvieron a sus hijas en solitario, vamos, pues fueron castigadas socialmente un montón, ¿no?

Conchi: Pobrecitas.

Isabel: ¿Qué les pasaba?

Andrea: Bueno, pues podían acabar como acabaron Loli y Mª Isabel, trabajando de prostitutas por ejemplo, o podían acabar en sus propias casas, ¿no? Como le pasó a la amiga de Loli que no era muchísimo mejor, ¿no? Y que de una manera u otra… O sea, van de institución de encierro a institución de encierro, ¿no? O sea, de la familia al mundo de la prostitución, muchas veces a las prisiones…

Otras veces esas instituciones de encierro eran reformatorios especiales para niñas y adolescentes: eran los reformatorios del Patronato de Protección a la Mujer, esa institución que creó el franquismo para lo que ellos consideraban mujeres “caídas o en riesgo de caer”, y que duró hasta 1985. Una institución plagada de madres solteras.

Andrea: También este año de investigación le hemos dado muchísimas vueltas, ¿no? De por qué Loli no caería en manos del Patronato, porque en realidad tenía todas las papeletas, ¿no? Para haber sido tutelada con el Estado, es verdad. Tanto por haberse quedado embarazada, como por haberse echado un novio… Por supuesto si trabajabas de prostituta o si tenías una moral un poco laxa, eran motivos más que de sobra para caer en esta institución, ¿no? Que al fin y al cabo no deja de ser otra cosas que los servicios sociales del franquismo, en concreto centrados en la reeducación de las niñas y las mujeres, ¿no? Que en la mayoría de los casos eran trabajos forzados, castigos y bueno, muy mala vida, ¿no? Pero vamos, podría haber caído ahí perfectamente.

En este último año, Érica también ha estado leyendo mucho sobre el Patronato. Para ella, ha sido una manera de entender la sombra de aquello a lo que se enfrentaban mujeres como su abuela.

Érica: Además como conocer toda la historia del Patronato y cómo funcionaba en aquel momento y precisamente por explicar el Patronato entender cómo funcionaba la gente en aquel momento, lo mal que estaba visto ser madre soltera… Yo me lo podía imaginar, pero no tanto. Y además creo en algún momento te lo dije, en plan, “tía, no puedo parar de leer sobre esto”. Y cómo no nos hemos enterado, y cómo yo que soy trabajadora social no tenía ni idea de esto. Además, es como… La podías pifiar muy fácil, o sea, yo leyendo sobre esto decía “es que acabaríamos cualquiera metidas ahí ahora mismo”. O sea, que era muy fácil saltarte esas normas, porque eran normas tan, tan rígidas que a nada que movieras un pie ya la estabas…

Andrea: También como siempre la clase atravesándolo todo, ¿no? Porque las hijas de familias de bien se solucionaba de otra manera. O se iban a abortar a Londres, o se obligaba al muchacho a casarse con ellas, o se simulaba que el hijo era el hijo de Fulanita… O no sé, se establecían otras estrategias, ¿no? Y la vergüenza pues ya no era tanta, ¿no?

Conchi: Claro. Casi mejor que se marchase. Claro, porque si iba a estar castigada de esa forma, pues…

Andrea: ¿Y sabéis qué valores tenía? Quiero decir, ¿os la imagináis planteándose abortar?

Conchi: Yo eso lo he pensado alguna vez, cuando ha sido mi llegada de mi cumpleaños, incluso el día de mi cumpleaños yo muchas veces he llorado muchísimo pensando en que… En ese día. Y creo que para ella no… Creo que no fue bonito. Entonces yo eso lo pienso mucho. Debió de ser muy duro enterarse de que estaba embarazada. Y si no abortó es porque no tenía medios. No podía, pero si hubiese podido yo creo que lo hubiese hecho. Aunque sea duro decirlo, yo creo que lo hubiera hecho.

[Música]

Unos padres demasiado estrictos. Un novio que no quiere hacerse cargo. El estigma familiar, repetido, de un embarazo estando soltera. La amenaza de las instituciones franquistas sobre las mujeres que no cumplen con las normas del nacionalcatolicismo. Y frente a todo eso, Loli y sus propias decisiones. Loli y su agencia para decidir lo que quería hacer. ¿Qué, de todo eso, fue lo que pesó más?

Conchi: Yo puedo decir que me hubiera gustado criarme con mi madre y que luego estuviese con mi hija. Pero bueno, si ella decidió eso pues es que no la puedo juzgar. Todo lo contrario. Creo que demasiado lo ha pasado, una vida muy dura, porque en aquella época pues todo lo que mi hija y Andrea han visto y han… Pues joder, es muy fuerte. O sea, no me ha gustado que lo haya pasado tan mal. Eso es lo que no me ha gustado. Y creo que tomó esa vida y creo que se quedó donde estaba porque quizás encontró amor donde no lo encontró aquí. Creo que por eso se quedó allí. Independientemente de que lo pasase mal. ¿Sabes? Que muchas veces nos quedamos donde no nos conviene porque encontramos amor, entonces…

Érica: Fíjate que a lo largo de este año muchas veces me ha dado muchísima rabia el decir “¿Cómo no me dio por preguntar antes?” Porque gran parte de todas estas incógnitas que sigo teniendo y que creo que voy a seguir teniendo se podrían haber resuelto. O no, ella me podría haber mandado a tomar por saco… Pero también es otra cosa que yo creo que me ha servido este año de estar por ahí indagando, es como que realmente no sé nada en el fondo. O sea, tengo como muchas pistas, muchas opiniones, muchos puntos de vista, pero que hay una parte que es como que hay muy pocas cosas que me atreva a decir “esto fue así”. ¿Ejerció la prostitución antes, en Madrid? Pues quien sabe.

Andrea: Claro. Encima te ha pasado un poco lo mismo que me pasó a mí en la investigación de Mª Isabel, que tienes mucha documentación pero no deja de ser documentación franquista, ¿no? Documentación de la policía franquista, de los jueces franquistas, de la familia… ¿No? Con unas normas y unos valores muy rígidos, ¿no? Entonces bueno, pues eso, todo eso… Aunque parece que cuando encuentras la documentación ya has encontrado la verdad, ni mucho menos.

Loli volvió definitivamente a Madrid en 1995. Conchi dice que nunca tuvieron una relación de madre e hija. Pero también nos dice que, desde 1989, empezó a estar más presente. Desde el año en que nació Érica.

Érica: El otro día sí que me contaste que te acordabas que te habían acompañado al cine.

Conchi: Sí. Me acompañaron mi abuela y mi madre. Y bueno, mi madre estaba super contenta. Sí, sí, fue un momento muy bonito.

Isabel: ¿Y cuando tuviste a Érica estaba allí tu madre?

Conchi: Sí, sí que estuvo mi madre, y mi abuela. Las dos ahí.

Érica: Además ese día cumplía años mi abuela.

Conchi: Claro, entonces…

Érica: Y nadie se acordaba. Nadie le… ¿No, mamá?

Conchi: Nadie. Nadie le felicitaba. Entonces claro, ya por la tarde… Pues todos “ay, la niña, no sé qué, no sé cuánto, ay la niña qué bonita, tal, cual”… Y claro, ya mi madre dijo “Bueno, ¿qué pasa? ¿Que a mí no me felicitáis o qué?” “Ay, Loli, ¡pero que es verdad que es tu cumpleaños!”. Y todos “¡Ay, felicidades!”, no sé cuánto… Y no nos acordamos ninguno, claro. Estuvo muy gracioso porque además había bastante gente en la habitación y fue… Estuvo muy bien.

Isabel: ¿Qué día es ese?

Érica: El 8 de marzo.

Conchi: El día de la mujer. Qué casualidad, ¿eh?

Al final de la conversación les pregunté a Érica y a Conchi si esta investigación había cambiado, de alguna manera, su relación con Loli.

Conchi: La imagen que yo tengo de mi madre, o sea, conociendo toda la historia realmente… Es como que son luces, pero también tengo muchas sombras. Es que es la realidad. Porque en momentos que la he necesitado y en momentos que ella estaba aquí no la he tenido.

Érica: Sí. De hecho, yo había una cosa que hacía mucho tiempo que no me pasaba y era por ejemplo recordarla tanto el día de mi cumpleaños. O soñar con ella. Yo no había soñado con mi abuela. Y ha sido este año que he soñado con ella varias veces, o sea, además de buen rollo. No ha habido ningún momento que me dijera “Déjame de hurgar por ahí”… Entonces yo creo que eso es muy potente. Y yo sí que lo he notado en nosotras y en nuestras conversaciones, cómo de algún modo ha habido una parte como que nos ha ayudado a hacer una especie de reconciliación…

Conchi: Sí. Reconciliación con ella, sí, sí, totalmente, ¿eh? Yo, vamos, de verdad que me he puesto muchísimo… Ahora con todo esto me he puesto muchísimo más en su lugar y he dicho “Joder, es que lo ha pasado muy mal, es una época muy dura”. Pero tampoco… También está la otra parte. Entonces… Eso es así, o sea, la realidad es esa. Pero sí que es verdad que me he reconciliado muchísimo con ella, incluso le he pedido disculpas a lo mejor por no… Decirle “Jo, madre, no me he puesto en tu lugar, lo siento mucho”, de verdad que es que yo además hago ese tipo de cosas.

Érica: Creo que en Lunática tú lo dices en algún momento, como que no pretendes escribir la historia de una heroína. O algo así, o… Ese concepto, ¿no? Es como… El estar haciendo esto no es cuestión de “ahora vamos a beatificar a nadie”. No. Es “bueno, pues hay todo esto, hay todo este material”. Y ayuda a construir también una historia que además también es, yo creo, la historia de todas.

Y ahí estábamos, dos generaciones de mujeres hablando de una tercera. Como dice Érica, hablando de la historia de todas. Y todo porque un día Érica se puso a leer un libro y porque un día Andrea se puso a escribirlo.

Isabel: Qué manera de continuar un libro, ¿no? Porque es que Lunática ha despertado a otra…

Érica: A otra Mª Isabel, otra lunática.

Isabel: A otra lunática.

Érica: Sí.

Isabel: Aquí estamos hablando todo el rato de la ouija pero yo pienso que la ouija es esto, o sea…

Érica: Sí, sí, sí.

Isabel: Es que es… O sea, que a través de que Andrea se vuelva loca investigando una historia sobre una mujer que no conoce…

Conchi: Madre mía, es que es precioso.

Isabel: Y que eso te lleve a revivir a una persona…

Conchi: Es una preciosidad esto.

Isabel: Y que eso de repente lleve a revivir a otra, buah.

Conchi: Es que es increíble, es super bonito, es una historia…

Andrea: Yo me quedo con la pena de hacer la ouija, también os lo digo.

[Risas]

Conchi: ¡Yo también!

Andrea: Me vale como metáfora.

[Risas]

Conchi: Yo también me quedo con la… Porque tú imagínate ahí la conexión de las dos. Hubiera sido muy interesante.

Isabel: ¿Creéis que se conocerían?

Conchi: Sí.

Érica: Yo creo que sí.

Conchi: Yo creo que también. Sí, sí.

Érica: Y si hay un más allá yo creo que se lo han tenido que pasar super bien.

Conchi: Sí, estarán ahí… Estarán, “míralas, estas”

Érica: Sí.

[Risas]

[Música]

Y aunque parecía que esta historia había acabado, aún quedaba una pequeña misión.

Érica: ¡Hola, Olga!

Volvimos a Bilbao, al bar de Olga.

Érica: No, bueno, porque ya… Parece que ya terminamos la investigación por aquí. Y queríamos terminarla donde la empezamos, que era…

Olga: Donde descubrimos…

Érica: Sí.

Olga: Pero bueno, la pista la diste tú, no yo.

Érica: Sí, pero bueno, vinimos… Yo recuerdo venir aquí en agosto, que vinimos las tres…

La producción ejecutiva de esta serie la hemos hecho Leire Ariz y yo, Isabel Cadenas Cañón. Y yo también he sido la directora.

Érica: Que ahora estaba pensando que recuerdo cuando leí Lunática y leí la parte en la que Andrea hablaba de ti, que yo pensé “yo quiero conocer a esa mujer”.

La producción la hemos hecho Érica Santillán, Andrea Momoitio, Daniel Boluda y yo. Dani Boluda también ha hecho el guion y la edición la hemos hecho Leire Ariz y yo.

Érica: Y ahora lo pienso y digo “jo, qué guay”, y que estoy super agradecida de todo lo que nos has ayudado. Que yo creo que si no…

Olga: Pero bueno, qué exageradas que sois, chicas.

Érica: No, no, yo creo que…

Olga: Es que…

Andrea: Tenemos que montar una agencia de detectives.

Olga: Para mí es que esto… A ver. Yo no pienso que haya ayudado en nada más de lo… Es que para mí esto es normal.

El montaje y el diseño de sonido los hemos hecho Paula Morais y una servidora. Iago Mendívil ha hecho la mezcla y el diseño de sonido de los episodios 1 a 4. Marcos Salso, el episodio 5. Las locuciones, como siempre, las hemos hecho en Isolé División Sonora. La música es de Menina Arroutada con música adicional de Sara Muñiz.

Andrea: Quiero montar una agencia de detectives con Olga.

Olga: Vale.

Érica: Muchas gracias, Olga. Adiós.

La comunicación la ha hecho Tais Álvarez con el apoyo de Andrea Momoitio. La prensa, Pablo Malgin. El collage es de Carmen Cáceres y el diseño gráfico de Paula Morais. Delia Blesa se encargó de la producción de viajes y de postproducción. Lucía Pérez Oroz ha ayudado en la investigación. Gracias a todas las personas que con vuestras escuchas y comentarios nos habéis ayudado a hacer esta serie mejor.

Isabel: ¿Se te han caído las pilas de la grabadora al salir?

Érica: Sí.

Isabel: Eso es una gran metáfora, tía.

Érica: Es que tengo pilas por todos lados porque Dani siempre me obliga a cambiar las pilas cuando empiezo a grabar, porque se gastan muy rápido. Y se me han caído justo a la salida. De “Ya está, ya no compres más pilas, Érica”.

Andrea: ¿Tú te quedas satisfecha, tía?

Érica: Yo creo que sí, o sea, también me da un poco la sensación como que estas preguntas no se van a resolver nunca.

Andrea: Decidle agur a Mª Isabel.

Érica: Agur, Mª Isabel.

[Risas]

Isabel: Gracias por todo. Guapa.

Érica: Sí, yo creo que ha estado muy guay…

Lunáticas es una producción de Se habla Producciones y Producciones del KO, y es una explosión del libro Lunática, como le gusta decir a su autora, Andrea Momoitio. Y con este episodio, alrededor de esa mesa, hablando de lo que no se habla, acaba nuestra segunda temporada. Gracias por haber estado ahí, gracias por habernos escuchado y gracias por habernos ayudado a desafiar silencios. Gracias, gracias, gracias a nuestra gran generosa y fiel comunidad. A seguir desafiando silencios. Estamos a la escucha.