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De eso no se habla
De eso no se habla
Lunáticas. Episodio 3: Locatigüisquis
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[Teléfono]

Funcionaria: Archivo. Dígame.

Érica: Hola. Buenos días. Mira, llamaba porque estoy ayudando a mi madre a conseguir información sobre mi abuela.

Isabel Cadenas Cañón: Érica estaba intentando conseguir el expediente policial de Loli.

Funcionaria: Mire, tiene que cumplimentar un anexo que está colgado en la página web del Ministerio del Interior.

Érica: Vale, sí, genial.

Funcionaria: Aquí lo que tenemos son fondos penitenciarios…

Pensaba que ahí podría encontrar, por fin, datos que probaran, con fechas y lugares, lo que hizo su abuela en Bilbao. Entender la magnitud del negocio de la venta de drogas del que le habló Pepi. Entender qué era lo que ligaba a Loli a Bilbao mientras su hija se criaba con sus abuelos en Madrid. Pero no lo conseguía, ni en la web de Interior, ni en varios (en muchos) intentos telefónicos. Había que ir en persona. Y Érica no iba a ir sola.

Érica: Te tengo que hacer una proposición, mamá.

Conchi: ¿El qué?

Érica: Necesito que seas mi ayudante de investigación.

Conchi: Vale, yo encantada.

Érica: Mira, una cosa que hay que hacer…

[Música]

Esto es Lunáticas.

Érica: Ir a la policía a solicitar los antecedentes policiales.

Conchi: ¿Y si me dicen que para qué lo quiero?

Un podcast de (De eso no se habla) Y Producciones del KO…

Érica: Si te preguntan que para qué lo quieres, “pues porque mi hija y yo estamos reconstruyendo la historia de la familia”.

… en el que Érica, Andrea y también Conchi buscan respuestas.

Conchi: Vale.

Érica: Es por interés familiar.

Conchi: Vale, pero espera…

Érica: ¿Te lo apunto?

Conchi: Sí.

Este es el episodio 3. Locatigüisquis.

Conseguir el expediente policial de loli no iba a ser fácil. Ni siquiera probando el interés familiar. Así que Érica y Andrea decidieron volver sobre algunos de los cabos que habían quedado sueltos en la investigación.

Uno de ellos era Vera, la madre de Luis, al que Érica y Andrea habían visto en Bilbao, en la redacción de Pikara Magazine. Luis les había dicho que su madre había trabajado con Loli. Andrea se había enterado de que algunos días, Vera desayunaba en un bar del barrio. Así que una mañana, Érica y Andrea se fueron a desayunar allí. Y justo cuando Andrea preguntaba al camarero, Vera apareció.

Érica: Soy Érica, la nieta de Loli.

Vera: ¡Ah, mira!

Érica: ¿Qué tal? Encantada.

Vera: Bueno, pues mira…

Andrea y Érica le propusieron ir a un sitio más tranquilo para poder hablar y grabar mejor. Y Vera aceptó.

Érica: Entonces. Bueno para empezar… Sí.

Vera: Que no salga mi cara.

Érica: Tu cara no va a salir, eso es seguro.

Andrea: Y nombre te ponemos el que tú quieras. Puedes elegir tú o nos inventamos nosotras otro.

Vera: Inventar el que queráis menos el mío.

Así que no, Vera tampoco es su verdadero nombre.

Érica: ¿Y tú qué recuerdas de mi abuela?

Vera: Pues yo recuerdo que era una chica muy maja y que quería mucho a una hija que yo tengo, que era su debilidad. Siempre la llevaba en brazos, me la quitaba y se la llevaba por ahí.

Y automáticamente eso dispara otra pregunta en Érica. La pregunta.

Érica: ¿Y a ti alguna vez te habló de mi madre?

Vera: No, nunca, nunca, nunca.

Érica: Claro. Tuvo que ser muy complicado para ella dejar Madrid e irse fuera de Madrid y no estar con su hija. Porque luego fíjate que me cuentas que a tu hija la quería mucho y tenía debilidad…

Vera: Con locura.

Érica: Por los niños. Entonces por eso me preguntaba eso, sí te habría contado que tenía una hija.

Vera: No, nunca, nunca me contó que tenía una hija. Nunca. Nunca, fíjate. Ahora, que a mi hija la quería con locura, eso es cierto. La quitaba de los brazos y se la llevaba… Era muy buena persona. Te lo digo yo. Maravillosa. Ahora, claro, ella era reservada. Era reservada.

Vera parecía otra de las personas que daban una versión edulcorada de Loli: la mujer amante de los niños que era muy buena y no se metía casi en líos. Quizá para que baje la guardia, Andrea cambia de tema: le pregunta por María Isabel, la protagonista de su libro, la lunática original.

Vera recuerda bien su muerte, en la cárcel de Basauri, en el año 77. Y también recuerda la manifestación que se hizo después para protestar por esa muerte.

Vera: Es que aquello fue terrible. Fue terrible.

Se acuerda bien de ella, de María Isabel

Vera: Era una chica guapísima, era muy fuerte.

Quizá mejor que de Loli.

Vera: Parecía un toro. Era muy guapísima, de cara, pero guapísima.

Y ahí, una pregunta que Andrea y Érica llevan haciéndose desde que empezó esta investigación.

Andrea: ¿Tú crees que Loli participaría en las manifestaciones por la muerte de María Isabel?

Vera: ¿Quién, la Loli? Sí, estoy segura. Es que en aquella época, cuando a una chica le pasaba algo, se volcaban todas las chicas para ayudar. Hoy día eso no existe aquí, en el barrio. Había mucho compañerismo, mucho.

Ese ruido que se oye, por cierto, es la muleta que lleva Vera en la mano y que a veces se choca contra las gafas, mientras habla.

Andrea: Y Loli la conocería también. Loli la conocería.

Vera: Pues claro, ¿cómo no la iba a conocer? La conocía todo el barrio. La conocía todo el barrio.

Andrea: Me hace ilusión.

Érica: Sí, a mí también

Érica y Andrea se miran y sonríen. Algunas veces han imaginado que Loli y Maria Isabel se conocían, que se ayudaban y que quizá eran amigas. Como lo son ellas ahora. Vera también habla de sus amigas.

Vera: Han muerto tantas chicas aquí… Ya. Terrible. Yo he perdido a muchas amigas, muchas, muchas.

Loli fue otra de las amigas que desapareció. Una desaparición más.

Vera: Yo, claro, ya la perdí el rastro. Ya…

Una desaparición más.

Vera: Yo además pregunté por ella porque la eché en falta y me dijeron que se había casado y se había marchado para Madrid. Y yo desde entonces ya… No he vuelto a saber nada de ella.

Pero eso era mentira. Loli ni se casó ni volvió a Madrid. Vera no parecía saber que se había mudado a la calle de al lado. Se lo contó Andrea.

Andrea: Sabemos que Loli estuvo como en dos momentos en Bilbao. El primero estuvo dedicándose a la prostitución, luego se marchó y volvió. Y en la segunda temporada que estuvo por aquí estuvo vendiendo droga.

Vera: ¿Qué dices?

Andrea: Sí, por La Laguna, en la calle de la Laguna…

Vera: ¿Qué dices, drogas, la Loli? Me quedo muerta, maja.

Érica le enseña una foto que Andrea había encontrado en Facebook. Es una foto de la madre de Sara y Pepi, de su socia. Esa mujer, la madre, era la veterana de aquella banda que cayó en la redada del 89, la banda de la que hablaba el artículo. También era la cara más reconocible de esa organización.

Érica: Mira, ella.

Vera: Ah, esa sí. Esa sí vendía droga, esa sí.

Andrea: Pues era socia de Loli.

Vera: ¿Ésta?

Andrea: La hija de ésta.

Vera: ¿La hija de ésta? ¿Pero qué dices? Me he quedado muerta ahora. A esa sí la conozco. A esa sí. Porque las… Es que las odio a muerte. De verdad, ¿eh? Todo el que vende droga lo odio a muerte. Han matado a toda la juventud de Bilbao. No te digo más.

Andrea: Así es.

Vera: A toda la juventud de Bilbao. Ha sido muy gordo esto. Es una vergüenza.

A Vera le ha cambiado la voz y en nada, dice que ya, que tiene que marcharse, que la charla se ha acabado.

Andrea: Un placer

Vera: Bueno.

Érica: Muchas gracias.

Vera: A ti, bonita.

Ya en la calle, después de que se vaya, Érica y Andrea no se pueden creer lo que acaba de pasar.

Andrea: Entonces muy fuerte ha sido esto, ¿no?

Érica: Sí, sí, sí. Yo creo que además se ha dejado un poco como venga, lo hago y me dejáis un poco en paz.

Andrea: Y a mi bueno, una cosa que me alucina es que le pille tan de sorpresa que luego estuviera aquí tantos años vendiendo droga de una manera tan evidente. O sea, que la hemos visto en la tele.

Érica: Es que me parece súper fuerte, es que… Pero es que la Laguna atraviesa tanto San Francisco como Cortes.

Érica: Yo también me puedo imaginar… Intento ponerme en la piel de estar prostituyéndose y darme cuenta… Que yo no es lo que haría, pero darme cuenta que puedo seguir consiguiendo dinero, porque esto se está empezando a mover, vendiendo algo y yo no me tengo que exponer… Que yo puedo entender peña que se pasara de un bando a otro. Que pasara de prostituirse a vender… Porque es jodido, pero no sé, egoístamente no es tan jodido para ti, ¿no? O sea…

Mientras avanza la investigación, Érica trata de ponerse cada vez más en la piel de su abuela. Se pregunta muchas veces qué habría hecho ella en esas circunstancias. También se pregunta qué impedía a Loli irse de Bilbao para volver a Madrid, con sus padres y con su hija.

Y ya que no tenía respuestas en Bilbao, a Érica le tocaba ir al lugar que más le costaba, al lugar más difícil para ella: a entrevistar a su propia familia, a contarles la investigación que estaba haciendo. A hablar, por fin, de la abuela Loli.

Pero cada vez que pensaba en eso, Érica lo pasaba mal. Nos lo contaba en las reuniones que teníamos para seguir avanzando en la investigación.

Érica: …muchos miedos personales, ¿eh? Pero digo, a ver si va a pasar que por remover esto que le digan a mi madre “¿y cómo va a hacer esto? ¿y cómo la dejas? ¿Y a ti te parece bien” y no sé qué, y mi madre se chape y diga “esto es un absurdo, yo lo paso mal”…

Pero también sabía que tarde o temprano iba a tener que hacerlo.

Érica: Estoy nerviosa, me angustio, en algunos momentos estoy un poco de bajona… Yo como me siento, es que ahora mismo creo que necesito ayuda para enfrentarlo, pero tampoco lo quiero alargar como muchísimo.

Así que, como no quería ir sola, Érica le pidió a Dani, su novio, que la acompañara a hacer una visita a la familia.

[Música]

Mujer: ¿Y entonces esto cómo va? ¿Tú me haces preguntas?

Érica: Sí.

Mujer: Bueno. Yo me tengo que acercar, ¿no? Como si estuviéramos en la radio.

Y aquí está, valiente. Érica frente a su prima, Eva. Con la grabadora encendida. Con las cartas sobre la mesa. Dani está a su lado.

Érica: ¿Estás nerviosa?

Eva: Un poco.

Érica: ¿Por qué?

Eva: No sé. Porque como me veo aquí con el micro como si estuviera en la radio. Parece que voy a salir en antena de un momento a otro. Pero bueno.

Érica y Eva se llaman primas, pero en realidad, Eva es prima de Conchi, de su madre. Es la sobrina de Loli. Y también es de las que personas que más saben sobre Loli. De hecho, fue ella quien le dio a Conchi la pista de Sara en el episodio 2, que tanto había ayudado en la investigación. Y también sabe mucho del silencio familiar que pesa sobre Loli.

Eva: Los abuelitos no hablaban mucho del tema de la vida de la tía.

Érica: ¿Y por qué?

Eva: Pues yo creo que por edad, por lo mal que lo pasaron, porque como la tía se fue y no venía… Entonces yo creo que eso a los abuelitos no les gustaba, sobre todo porque tenía una hija. Se perdió la infancia de su hija… Bueno, se perdió la vida de su hija.

Érica asiente. Lo sabe bien.

Érica: ¿Y qué te contaban tus padres?

Eva: Pues a mí me contaron de que la tía se quedó embarazada y que fueron a decirle pues que estaba embarazada al padre.

El padre. El padre de Conchi,que no había aparecido antes en esta historia. El padre de Conchi se llama Mateo.

Eva: Y tengo entendido que fue todo por causa de la madre de Mateo, que dijo que es que Loli era una… Una putilla. Y que podía ser el padre cualquier persona. Fue lo que a mí mi padre me contó, que fue todo por causa de la familia de él, que le malmetieron. Y porque él sí que nos consta de que hacía llamadas para oír la voz de su hija.

Por si no lo has oído bien, voy a repetir ese sonido de sorpresa que hace Érica. Resulta que Mateo, el padre de Conchi, llamaba a casa para escuchar la voz de su hija.

Eva: Y muchas veces en Moratalaz se presentaba, por lo visto a escondidas, para ver a su hija.

Érica ¿En serio?

Eva: Sí.

Es la primera noticia que Érica tiene sobre esto.

[Música]

Mientras Érica va asimilando lo que acaba de escuchar, le pide a Eva que le cuente cómo recuerda a su abuela.

Eva: La recuerdo de que la gustaba mucho tomar el sol, pero con las tetillas al aire. Bueno, las tetillas, tenía buenas tetas. Con las tetas al aire. De que no llevaba sujetador… Luego le dio una época que iba siempre el chándal, era la señora del chándal…

Eva tiene algo más de 50 años, pero la recuerda como recuerda una niña.

Eva: Recuerdo mucho de que era muy moderna para su época.

Érica: ¿En qué sentido?

Eva: Pues porque llevaba pantalones estrechos…

Eva le cuenta a Érica que Loli, al principio, volvió algunas navidades, o algún verano, pero nunca para quedarse.

Eva: Sí que la recuerdo de venir, que venía siempre con muchísima ropa, le traía mucha ropa a Conchi, a su hija, mucha ropa. Recuerdo de que traía dinero, o sea, “pues venga, ¿qué queréis? ¿Qué te apetece tener? Pues esto, toma”.

Y que después de algunos días, siempre volvía a desaparecer.

Eva: Un poco locatigüisquis.

Érica: Locatigüisquis.

Eva: Sí, ha sido y como muy irresponsable, de todo, o sea como que la vida era para ella y que siempre era joven y joven, joven y… Con poca cabeza. Luego, sí y muy buena, eso sí, con mucho corazón, pero muy locatigüisqui. Muy locatigüisqui. Sí. Yo creo que se fue por eso, porque ella quería vivir su vida y una criatura pues… Es que suena muy mal, pero como que le molestaba, o sea que no… Era como un lastre.

Pero la conversación no fue solo sobre los recuerdos de infancia. Eva también había conocido la otra faceta de Loli, la que nadie más en la familia parecía conocer. Y es que cuando tenía 17 años, Loli la invitó a pasar unos días con ella en Bilbao. Fue en 1989.

Eva: Y entonces, pues nada, me voy. Y dónde vivía… Pues era un sitio de gitanos. Eran gitanos y las únicas payas, como se dice, era [pitido], la tía Loli y las hermanas de [pitido]. Fui sola y según iba para la calle me vino un ertzaina y me pidieron la documentación. Entonces les enseñé el DNI y me dijeron ¿pero usted qué hace por aquí por la noche? ¿Usted sabe este barrio? Digo “sí, aquí vive mi tía”. Dice “pues si no le importa la vamos a acompañar”. Dice “es que ¿usted sabe dónde se está metiendo?” Y entonces me acompañaron al bar. La policía.

Ese bar, el bar en el que había quedado con su tía Loli, estaba en la calle La Laguna.

Eva: Y era un bar muy cutre, muy cutre, con una barra de estas de aluminio, con una máquina de café, con unas estanterías así como con cristal con tres botellas y… Es que era un bar, pero no era un bar, o sea, ahí no… Era de tapadera. Ahí me enseñaron a preparar cafés… Y bueno, y eso era pues la Gran Vía. Porque eran las que más vendían y eran las que mejor mercancía tenían, entonces era… Jolgorio de gente…

Según Eva, aquel bar era solo uno de los lugares que operaban Loli y sus socias.

Eva: Ellas tenían en total tres pisos. Uno era donde se vendía. Otro era donde se ponían los toxicómanos. Y otro era donde vivían. Y luego el bar. O sea, estaba todo en la misma calle.

Han pasado más de 30 años, pero Eva lo cuenta como si lo estuviera viendo ahora mismo.

Eva: La gente no era normal, o sea la gente era zombis. Eran toxicómanos. Pero gente muy mal. Muy mal. Pero es que era a todas horas.

Érica está empezando a poner imágenes a lo que hacía su abuela en Bilbao.

Eva: Esos pisos ahí. Ese portal era exclusivo para eso. Alucinas.

Eva: Cuando estaba allí trabajando era con más carácter, o sea era totalmente diferente. Totalmente. Estaba como tensa cada vez que se abría la puerta, nerviosa. Y con carácter, sacaba carácter. De estar en el bar y llegar un chico muy mal y “Loli, Loli…” y la tía “aquí no, vete a tomar por culo”, no se qué. “Ay Loli, que es que no tengo dinero”, “pues que te den, venga, fuera, ¡fuera!” Era… Tenía genio.

Según Eva, todo aquel riesgo, toda aquella tensión, tenía su recompensa.

Eva: Mucho dinero he visto yo en esa casa, mucho dinero, mucho. Yo no he visto más dinero en toda mi vida, nada más que allí. Tenían cajas de galletas llenas de billetes. Pero cajas debajo de la cama. O sea, eso era…

Érica: Muy fuerte.

Eva: Y joyas tenían. Sí, sí, sí. Luego, además, cuando ellas bajaban por la noche a coger el dinero, decían “bueno, si llaman a la puerta”, que tenían una puerta de madera de estas blindadas con no sé cuántos cerrojos, para que… Decían “si viene la policía, tirad todas estas bolsas por el váter”. Entonces yo fue ahí cuando aluciné. Dije “pero bueno, ¿esto qué es?”

Solo unos meses después de la visita de Eva, cayó toda la organización: Loli detenida en el bingo; Pepi, en una casa del barrio, con un montón de joyas. Lo que decía la noticia del periódico.

Érica: ¿Tú cuando fuiste a Bilbao, tú sabías a lo que se dedicaba a la abuela o lo descubriste allí?

Eva: No. Vamos a ver. Se intuía de que se dedicaban a eso.

Érica: Se intuía

Eva: Mi padre por lo menos. Porque hasta… Mi padre, cuando luego yo vine de Bilbao, me dijo “si yo llego a saber esto… Vamos, tú no vas ni de coña”.

Érica: Porque, claro, tú volviste y entonces le contaste a tu padre.

Eva: Es que… tú date cuenta de que en esa casa había droga, había pesas… Pues lo que sale en la tele. Paquetes…

Érica: ¿A ti te cambió la imagen que tenías de la abuela Loli después de Bilbao?

Eva: Vamos a ver, yo hubo una época cuando vine y ya me di cuenta de dónde había estado… Creo que fue una inconsciente por su parte, porque creo que me podía haber metido en un follón muy gordo. No es que cambiara en plan de “uy, te voy a hacer la cruz”.

Érica: No, no.

Eva: Porque no, pero sí que… Sí que eso no me gustó.

Érica: Y tú… Porque tú antes has dicho que tu padre cuando se enteró, dijo “Jo, si yo llego a saber esto, no te dejo ir para Bilbao”. ¿Entre ellos se enfadaron o algo? O hubo algún tipo de… ¿O no se habló del tema?

Eva: No. No. Se dijo eso y ya no se habló más. No se habló más.

Siempre he pensado que hay un vínculo especial con las abuelas, algo que no tenemos con las madres. Esas mujeres tan lejanas en el tiempo, que no hubiéramos podido ser, y a la vez tan nosotras, tan la sangre, tan lo que somos. Para Érica también es así: se oye en la investigación cómo trata de ponerse en el lugar de su abuela, cómo trata de entenderla. Pero, después de los últimos descubrimientos, empieza a ser difícil para ella empatizar con esta parte de la vida de Loli. Érica cumple años el mismo día que su abuela, el 8 de marzo. Y el 9 de marzo de este año, de repente, pasó esto.

Érica: Dani, me acaban de llamar del archivo de la Policía Nacional. Que han recibido la solicitud que hice de mi abuela y que habitualmente lo mandan por correo postal pero que tienen muchísimas cosas y que si les doy permiso para que me lo manden por email. O sea que me llegará entre hoy y mañana un email… Pues en principio con muchísimas cosas sobre mi abuela.

Después de seis meses de espera, llegó, por fin, el expediente policial de Loli, el que Érica y su madre habían pedido juntas. Y ahí, por fin, algo concreto: fechas concretas, delitos concretos, personas concretas.

Por ejemplo, en agosto de 1974, la policía detuvo a Loli por buscar clientes en la calle Cortes. En el interrogatorio, Loli les dijo que llevaba un año ejerciendo la prostitución en Bilbao, que trabajaba en el Bar Texas, en la calle La Laguna, y que ganaba unas 1.000 pesetas al día, 6 euros de la época, unos 100 euros de hoy.

La soltaron, pero 3 meses más tarde volvieron a detenerla por lo mismo. Las dos veces, le aplicaron la Ley de peligrosidad social.

Once años más tarde, en 1985, Loli tuvo un incidente con un tal Ángel en la puerta de El Búho Rojo, un bar de la calle Cortes. Hubo insultos y amenazas. En el expediente no queda claro por qué fue la discusión, pero la policía la consideró suficientemente relevante como para abrirle un informe. Otro informe. Parece que esos años Loli seguía trabajando como prostituta.

El primer cargo por narcotráfico es la detención de 1989, la redada en la que cae con Pepi.

Érica me contó que fue así, leyendo el expediente, cuando se dio cuenta de la magnitud de lo que había hecho su abuela en Bilbao. Que antes se lo había contado Pepi, su socia, aunque no la pudiéramos escuchar, que también se lo había contado Eva al describirle las escenas de lo que vivió en Bilbao, pero que fue en ese expediente, y al verlo por escrito, cuando lo entendió por fin. Y no solo lo entendió. Érica me lo contó en un audio.

Érica: A mí una de las cosas que más me impresionó de esto es que hay mucha descripción de la policía, sus diligencias y tal… Pues que explican cómo funcionaban, ¿no? Y una de esas cosas era que… Cómo había pues como trabajando para ellas gente que estaba enganchadísima y que estaba muy mal. Y entonces explican algo así como que es un procedimiento habitual, ¿no? Utilizar a toxicómanos y toxicómanas que son… No sé cómo lo describen, pero algo así como que son gente que no tiene nada que perder.

Lo decía así: “es práctica habitual en estos pisos que los responsables tengan colaboradores que generalmente son consumidores y que a cambio de las dosis que necesitan y la comida “atiendan el negocio”. A los jefes les sale muy rentable esto, ya que en el caso de una intervención policial, sus “asalariados” estarán dispuestos a autoinculparse. Normalmente los anfitriones se aprovechan de sus trabajadores y de que no tienen recurso alguno”. Sobre esta página del archivo, Érica ha dibujado un bocadillo y dentro la palabra “UFF” con dos efes.

Érica: Uf… Ostia, es que leer eso es muy fuerte, no? Leer el cómo era el modus operandi y a mí me entristeció muchísimo. O sea, fue… Yo siempre intentado durante la investigación, ¿no? Esta idea de… Jo, pues creo que la imagen a veces que he tenido de mi abuela ha sido como toda muy negativa, ¿no? El tema del abandono, el que iba a su bola y todo esto… Y parte de la investigación, yo lo que quería también es ver alguna luz, ¿no? Pero hostia, aquí me costó muchísimo, o sea, me costó muchísimo no juzgarla, la verdad. Pero muchísimo. Y todavía a veces, cuando pienso en esas descripciones, ¿no? Y en cómo se utilizaba la gente que estaba tan, tan mal… me duele. Me duele bastante, la verdad.

Y esos papeles, además, contaban otra cosa. Contaban una historia anterior a 1974. Contaban la historia anterior a 1974.

Era de 1967, 6 meses después de que naciera Conchi, la madre de Érica. Ese año Loli denunció al padre, a Mateo, por no querer hacerse cargo de la niña.

Según los papeles, el caso se catalogó como estupro: un delito sexual, sin violencia, que comete alguien mayor de edad sobre alguien menor. Porque sí, en 1966, cuando Loli se quedó embarazada, tenía solo 20 años. Y la mayoría de edad entonces eran los 21.

[Música]

Y eso no era todo. Dos años después aparece otra denuncia. La puso el padre de Loli, el 17 de abril de 1969. Loli tenía entonces 23 años. Su padre, Manolo, había ido a la policía para denunciar que hacía 3 días que no sabía nada de su hija. Lo último que sabía, decía la denuncia, es que su hija había dejado su trabajo como camarera en la base de Torrejón de Ardoz, y que nadie había vuelto a verla.

Ni siquiera su única hermana, Merce.

Merce: Estuvimos muchos años sin saber de ella,de dónde estaba ni nada, si vivía o no. Y mi madre decía “Virgen Santísima de Navahonda, dime si mi hija vive o no vive…”

Y tampoco Mateo, el padre de Conchi, la otra cara de esta historia.

[Teléfono]

Al final de este guión, habíamos escrito: “Si tenemos aquí la voz de Mateo sería grandioso”.

Mateo: ¿Sí?

Y la tenemos.

Érica: Hola, ¿Mateo?

Mateo: Sí.

Érica: Hola, soy Érica, no sé si te acuerdas de mí.

Esto, en el próximo episodio.