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De eso no se habla
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Lunáticas. Episodio 2: La madre que la parió
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Érica ¿A qué hora, a las 10:30 o a las 11? ¿Qué te parece mejor?

Luis: 10:30.

Érica: Venga, pues a las 10:30 entonces.

Luis: Sí, porque mi mamá es de las de madrugar.

Érica: Vale.

Luis: Es como las gallinas.

Érica: Vale.

Isabel Cadenas Cañón: En el episodio anterior, Érica y Andrea empezaron una investigación casi sin conocerse. Querían encontrar información sobre Loli, la abuela de Érica, esa mujer que un día se marchó de su casa en Madrid, sin avisar a nadie. Y que cuando regresó, 20 años más tarde, no dio ninguna explicación.

La verdad es que tampoco nadie se las pidió, las explicaciones. Aunque siempre estaba la sospecha sobre ella: la abandonadora, la mala madre, la lunática, la prostituta. La mujer cuya ausencia marcó a toda una familia.

Voces: ¿Pero qué pasó con ella? ¿Y tú a ella sí que la recuerdas?

¿Por qué se fue? ¿Las abandonó? ¿Tuvo que marcharse? Y en el fondo, siempre, la pregunta que nadie hace pero que flota en el fondo de todo: ¿es que no las quería?

Voces: ¿Sí? ¿Y dónde podemos encontrarla? ¿Y ese señor vive? ¿Y a ti esta mujer te suena? Yo estoy muy emocionada también…

Bienvenidas y bienvenidos a Lunáticas, una serie de De eso no se habla y Producciones del KO sobre la búsqueda de esas respuestas.

Voces: Lunática. Lunática. Lunáticas.

Este es el episodio 2: La madre que la parió

Érica ha viajado otra vez a Bilbao. Andrea y ella están esperando a un hombre que vio uno de los carteles que habíamos pegado en su barrio, apuntó el teléfono y llamó a Érica para decirle que su madre, Vera, había conocido a su abuela Loli.

Es la primera vez que alguien dice saber algo sobre Loli, algo que no sea un rumor, un “me suena de algo”. Érica y Andrea están tan nerviosas que ni siquiera encienden la grabadora antes de que llegue el hombre.

Así que, a falta de audios, imagina ese encuentro: dos treintañeras esperando a un señor de unos 60 años,en un Bilbao frío, de mañana, con las calles casi vacías. Están en la puerta de Píkara Magazine, la revista feminista para la que trabaja Andrea. El hombre llega puntual, pero viene sin su madre. Andrea y Érica no dicen nada, no preguntan, pero tienen cara de decepción. Miran para ver si viene detrás, pero nada. Y mientras se saludan, el hombre les dice que su madre, Vera, no se encontraba bien esa mañana y que ha preferido quedarse en casa. A este hombre vamos a llamarlo Luis. Luis no es su verdadero nombre, pero hemos cambiado muchos de los nombres de esta historia; o porque nos lo han pedido, o porque son familiares de quienes nos lo han pedido y no queremos que se les pueda identificar.

Así que los tres, Luis, Érica y Andrea, entran en la sede de la revista.

Érica: Mira, si quieres nos podemos sentar por aquí…

Al principio, Luis echa un vistazo al espacio.

Érica: ¿Y de aquí?

Luis: Sí, en Bilbao.

Érica y él hablan un poco de cualquier cosa.

Érica: Así que nada bueno. ¿Y tú eres de aquí, del barrio?

Luis: De toda la vida.

Érica: Toda la vida.

Luis: He nacido y me moriré aquí.

Y desde el principio, y aunque tengan 30 años de diferencia y no se conozcan, hablan con cierta familiaridad, como si se conocieran. Al fin y al cabo, su madre, la de él, y su abuela, la de ella, habían sido amigas, o al menos conocidas.

Érica: ¿Y tu madre y mi abuela cómo se conocieron?

Luis: En la calle.

Érica: Trabajando.

Luis: Claro, en la calle. Ahí había una calle que se llamaba la calle La Laguna. Y está llena de bares.

Érica: Ah, vale. ¿Porque trabajaban allí?

Andrea: ¿Y cómo se llamaba el bar?

Luis: El dueño se llamaba El Chato.

Érica: El Chato.

Ahora, en el lugar donde estaba el bar de Chato, han levantado un edificio rojo de ventanas cuadradas.

Érica: ¿Y tu madre recuerda como era mi abuela?

Luis: ¿De carácter?

Érica: Sí.

Luis: Hombre, me imagino que tenía que ser muy maja porque sino mi madre no (risas…).

Por teléfono, Luis le había dicho a Érica que tenía fotos de su abuela. Y ha traído una: Loli está sentada junto a otra mujer en dentro de un bar. Tiene paredes forradas de madera, y sofás de piel rojiza.

Sobre las piernas tiene a un niño de unos tres años al que rodea con los brazos. Es el hermano de Luis.

Luis: Hombre, pues ten en cuenta que mi hermano tiene ahora 46 años y mira la foto. Debía tener ahí tres añitos, pues hace 43 años…

Érica mira la foto. Por fin una evidencia, un rastro, una prueba de que su abuela, de verdad, estuvo allí. Y de que alguien la conocía.

Luis: O sea, para tener estas fotos es que la relación tenía que ser… Si no, no tiene fotos de estas.

En la foto Loli tiene los ojos cansados. Es del 78 o del 79. Conchi, la madre de Érica, tenía unos 12 años entonces.

Luis recuerda perfectamente cómo era el barrio en aquellos años.

Luis: Era una bañada, era bar, bar, bar. Y encima por la noche te ponías así en una punta de la calle y parecía lo de Nueva York, Broadway y las luces de neón, todo eso. Así era.

Lo recuerda con los ojos de un adolescente, como fascinado.

Luis: Las mejores tiendas de ropa y de zapatos de Bilbao estaban ahí, en San Francisco. El Paraíso, Calzado La Palma… En la calle había tres cines. tres cines: el Liceo, el Vizcaya y el Colón. Discotecas había varias. O sea, era una pasada.

Y cuenta que gran parte de ese dinero acababa en los mismos negocios: en los meublés.

Luis: Todo el edificio entero era meublé, ahí no vivía nadie. Eran sólo habitaciones, como un hotel, todo entero. Y eran unos locales enormes. Es que era un nivel que no te puedes imaginar.

Érica:En los bajos era como el local y luego ya los pisos más para arriba…

Luis: Eso era donde… La habitación era donde las chicas iban a…

“Las habitaciones eran donde las chicas iban a…” Eso dice Luis.

Luis: Y estamos hablando del New York igual tenía 70 mujeres, 80.

Érica: Hostia.

Luis: El Harlem igual 40, 50.

También dice que eran lugares grandísimos, lujosísimos.

Luis: Tú entrabas al JB, cuando bajabas al bajo había una barra dos veces este local. Unos palcos… Era una bañada y todo eso desapareció, todo. El último fue el Bataclan. El Bataclan y el de arriba, el Papillon. Esos fueron los últimos que acabaron. Esos fueron los que lo terminaron y ya empezó la droga, empezaron a meter ya a tope y se acabó.

En ese momento de la entrevista, a Luis le cambia la voz.

Luis: Yo no estoy enganchado a la droga porque me dan miedo las agujas.

Érica: Ya, si no…

Luis: Porque mi cuadrilla, te voy a ser sincero, quedamos tres. Y éramos 50 y tantos.

Érica: Fíjate.

Luis: Aquí, aquí fue una masacre. Fue una masacre.

A Érica se le ha escapado una risa nerviosa. Le pasa muchas veces en momentos de tensión. Y no es para menos. De repente, ha cambiado toda la conversación. Es casi el único momento en más de una hora de charla donde hay un silencio largo. Andrea aprovecha ese silencio para seguir investigando.

Andrea: Y antes te he escuchado que se habían conocido trabajando en un local que has dicho el nombre del dueño, pero ¿el local cuál era?

Luis: El Chato. El local no sé cómo se llamaba. Espérate, ahora te lo digo.

Luis saca el móvil.

Luis: ¡Ama!

Es Vera, claro.

Luis: A ver dime, la Loli dónde paraba donde La Laguna, ¿donde el Chato?

(Voz de Vera al teléfono)

Luis: En el Harlem paraba. En frente de mi casa, en el Harlem. El dueño se llamaba José el Bobo. ¿No, no era el del bobo? Sí, sí, ya lo sé, ya me acuerdo yo. Pues nada, aquí estoy con la nieta de la Loli.

Érica: Dale besitos de mi parte.

Luis: Espera, espera, que te lo voy a pasar, que quiere hablar contigo.

Érica: ¿Qué tal? Jo, pues qué pena que no nos hayamos podido ver.

VERA: Ya nos veremos hija, no te preocupes.

Érica: Vale

Ya nos veremos, hija, no te preocupes

Vera: A ver si tienes suerte e indagas lo que…

A ver si tienes suerte e indagas lo que…

Érica: Vale. Pues muchísimas gracias. Te mando un besito muy fuerte.

Vera: Igualmente. Que tengas mucha suerte.

Érica;: Gracias. Un besito. Adiós.

Luis: Venga, un beso, venga, agur.

Quizá Luis pensaba que esta iba a ser una charla breve, que les bastaría con la información que les da Vera. Pero no: Érica y Andrea tienen mucho más que preguntarle.

Érica: ¿Y tú a ella sí que la recuerdas?

Andrea: ¿Esta mujer te suena?

Luis: Es como encontrar una aguja en un pajar.

Andrea: ¿Del Harlem qué sabes? Tu madre igual se acuerda…

Érica: ¿Y ese señor vive?

Luis: No lo sé, no te puedo decir.

Andrea: ¿Y dónde podemos encontrarle?

Por eso, cuando llevan ya una hora y media hablando, Luis dice que se tiene que marchar.

Luis: Me tengo que ir que tengo la niña arriba. Que yo también vengo aquí y me enrollo… Y tengo que darle de desayunar.

Y mientras está recogiendo sus cosas, mira A Érica como con orgullo.

Luis: La madrileña, mírala, levantando la alfombra en Bilbao.

Érica: A ver…

Luis: Que por allí poco sabrán.

Érica: No, es que es eso. No saben.

Luis: Claro, allí poco saben.

Érica: Yo creo que es una mezcla entre que no saben…

Luis: No quieren hablar, no quieren remover.

Érica: Es una mezcla.

Luis: No quieren remover, el pasado, pasado es y ya está.

Érica: Sí. Yo creo que una mezcla de que tampoco supieran mucho y que tampoco…

Luis: El pasado, pasado es y no lo quieren remover…

[Música]

Fue una masacre, ha dicho Luis sobre lo que pasó con la heroína en Bilbao y en los pueblos de alrededor. Fue, realmente, una masacre.

Yo nací en el 82, o sea que no viví como adulta los años más duros, los 80. Pero me acuerdo perfectamente de ver a personas en la calle, en mi pueblo, inyectándose. También me acuerdo de que la gente mayor decía que en todas las cuadrillas faltaba alguien, siempre un muerto por la droga. Y también recuerdo que había que andar con cuidado por algunas zonas, te decían los mayores, porque te podías pinchar. Hay hasta películas sobre eso.

Hombre: Me ha dicho tu madre que le has puesto una inyección.

Chico joven: Sí, es que tenía mucho dolor.

Hombre: Pero le habrás puesto solo una, ¿no?

Chico joven: Claro.

Hombre: Es que es muy raro, faltan cinco ampollas. ¿Qué te pasa en el brazo?

Chico joven: Podría inventarme cualquier excusa, pero ¿para qué? Tarde o temprano te tienes que enterar.

Hombre: ¿De qué me tengo que enterar?

Esto es “El pico”, una peli de 1983. Luis se la mencionó a Érica en un momento de la entrevista. Cuenta la historia de dos chavales de Bilbao que se enganchan a la heroína, y de cómo sus vidas cambian casi de la noche a la mañana.

Hombre: ¿A qué habéis venido? ¿Qué coño queréis?

Chico: Hemos venido a darte un palo y a llevarnos todo el caballo que tengas.

Hombre: Ah, ¿sí?

Lo pienso ahora y realmente creo que fue un trauma. Un trauma que, como pasa con los traumas, aún estamos procesando. Y, como dijo Luis, casi cualquier persona que vivió en San Francisco en los 80 tiene muertos que contar por la heroína. Y rencor acumulado.

Hombre: Vale, chaval. Tranquilo. Tranquilo.

Loli había estado en Bilbao justo en aquellos años duros de la droga. Érica sabía que por eso había estado en la cárcel, por vender droga. Se lo contó su madre una sola vez, cuando le preguntó por el DNI. Pero nunca, nunca, lo escuchó en la familia. Y no sabía nada más.

Un día, su madre habló con una prima y esta prima le habló de una mujer que había conocido a su abuela en Bilbao. A esa mujer vamos a llamarla Sara, aunque tampoco es su verdadero nombre. Sara había sido amiga de su abuela Loli en Bilbao. Es más, Loli había trabajado y hasta vivido con su familia. Y Érica supo que tenía que buscarla.

Isabel: Qué está pasando?

Érica: Pues a ver, lo que pasa es que sabemos que mi abuela cuando estuvo aquí en los últimos años tenía relación con la familia y bueno, pues sabemos un nombre que es [pitido]. Entonces yo creía que esto se lo había contado a Andrea, pero resulta, parece que no.

Isabel: Vaya.

En cuanto se lo contó, Andrea se puso a investigar: a mandar mensajes a algunas personas, a llamar a otras, a tirar de todos los hilos posibles.

Érica: Y entonces Andrea ha empezado a mover la maquinaria y parece que ha encontrado su teléfono y que es posible que esté aquí en el barrio, vamos.

Andrea: Te lo digo buah, buah.

Isabel: Andrea está emocionada.

Andrea: Que putos nervios, claro.

Y ahí estábamos, Tres mujeres en un portal, conteniendo la respiración, pegadas a un teléfono.

Andrea: 17, 98.

[Teléfono]

Sara: ¿Sí?

Érica: Hola, soy Érica. Yo soy nieta de una mujer que estuvo viviendo aquí en Bilbao mucho tiempo, que se llama Loli Martín Quijada.

Sara: ¡Anda, sí! ¿Y tú quién eres?

Érica: Yo soy su nieta. Sí.

Sara: Pero, ¿qué pasó con ella? ¿Tú eres la hija…?

Érica: De Conchi.

Sara: Qué ilusión me da escucharte.

Érica: Yo estoy muy emocionada también.

Sara: ¿Y la Loli que le ha pasado? ¿Le ha pasado algo?

Érica: Bueno, mi abuela falleció en 2012.

Sara: ¿Qué me dices? No me digas eso.

Érica: Sí.

Érica le contó a Sara lo poco que sabía sobre la vida de su abuela Loli en Bilbao…

Érica: Bueno, pues no pude saber mucho de ella y de su vida. Y bueno, yo lo que he recibido ha sido como un recuerdo, un poco… Un poco oscuro, ¿no? Y…

Sara: Oscuro, ¿a qué te refieres?

Érica: Bueno, porque hablaban un poco de ella, pues como que había abandonado a mi madre y que hacía lo que le daba la gana…

Sara: Eso es mentira. Jamás se olvidó de su hija, porque todo lo que ganaba era para su hija y para su madre. ¿Qué te parece?

Érica: Claro, si es que algo así…

Sara: Así que eso es mentira.

Érica: Claro. Algo así me podía imaginar yo.

Érica escuchaba a Sara casi sin respirar. Y nosotras igual.

Sara: A su hija la querían con adoración, créetelo. Le mandaba, a su hija, cuando iba ella le llevaba maletas… Madre mía, era increíble, era adoración lo que tenía, tanto por ti como por su hija. Eso de que la abandonó es mentira. Obviamente ella estaba en Bilbao haciendo cosas que no quería que su familia se enterase…

“Ella estaba en Bilbao haciendo cosas que no quería que su familia se enterase.”

Sara: Y su familia sabía lo que hacía. No sé, algo habrán cogido. Ellos sabían de dónde sacaba el dinero. Y no era prostitución, eso quitátelo.

“Y sabían de dónde sacaba el dinero, y no era prostitución.”

[Música]

Sara no le contó más detalles en esa llamada, le dijo que en aquella época había que ganarse la vida, sobre todo si tienes hijos…

Sara: Efectivamente.

Le volvió a repetir la adoración que tenía Loli por la familia.

Sara: Pero que no, que era adoración. Y no te lo voy a decir por quedar bien contigo.

Y también le contó que un día, de la noche a la mañana, Loli desapareció. Una vez más.

Sara: De hecho no sabíamos nada de ella, un día se fue a Madrid y no volvió. No hubo ni teléfono ni nada. Nosotras pensamos que había pasado algo.

Hacía muchísimos años que Sara no sabía nada sobre Loli y Érica estaba empezando a ver una parte de su abuela que no conocía. Las dos querían saber más. Así que decidieron quedar al día siguiente, en persona.

Sara: Pues mañana nos vemos, cariño.

Érica: Mañana nos vemos a la 1 entonces.

Sara: Si Dios quiere, vale. Cuídate, cariño.

Érica Un besito. Adiós.

Sara: Igualmente, adiós

Érica: Adiós.

Érica: Madre mía, que fuerte.

Después de la charla, nos pusimos a hacer conjeturas en el portal. De qué estaría hablando exactamente Sara al hablar del dinero. Ese “sabían de dónde sacaba el dinero, y no era prostitución.”

Andrea: Claro, es que igual se dedicó más que a la prostitución al tráfico.

Érica: Claro, es que no, ni idea.

“Igual se dedicó más que a la prostitucuón al tráfico”, dice Andrea. “No sé”, dice Érica. Pero esa conversación le hace pensar en eso, en la venta de droga, algo a lo que nunca le había dado importancia en la biografía de su abuela.

Érica: Eh… Tú construyes el relato por lo que no te han contado, entonces tú vas haciéndote una idea de lo que hay, entonces lo que siempre se ha repetido es que mi madre tenía que estar agradecida a los abuelitos, a mis bisabuelos, porque la habían cuidado…

Hubiera sido fácil preguntarle a Sara. Pero al día siguiente, Érica y ella no quedaron. Y tampoco al siguiente. Siempre había alguna excusa, siempre surgía algún problema, algún imprevisto de última hora. No sería la única vez que eso pasaba en esta investigación.

[Música]

Como no parecía que Érica fuera a quedar con Sara más veces, nos pusimos a buscar en la hemeroteca. Un día, Lucía, que en aquellos momentos trabajaba como becaria en Producciones del KO, encontró esta noticia de noviembre de 1989. El titular decía: “La policía detiene en Bilbao a 14 miembros de una red de narcotráfico dirigida por mujeres”. El artículo cuenta que, en un piso de la calle La Laguna, la policía encontró 10 papelinas de heroína, 10 de cocaína y varios objetos para pesar y manipular droga. Entre las detenidas en la operación estaban Manuela, de 43 años, arrestada en una sala de bingo; y Pepi, de 26, a la que detuvieron en otro piso del barrio, muy cerca, y donde encontraron casi un millón de pesetas en metálico y un montón de joyas robadas. Manuela, claro, es Loli. Y Pepi, su socia, es la hermana de Sara. Y no, Pepi tampoco es su nombre real.

[Música]

Así que la próxima tarea era encontrar el número de Pepi. Andrea se puso a buscar. Lo encontró en Facebook: Pepi vendía un humidificador, y Andrea copió su número.

[Teléfono]

Los caminos de las búsquedas de Andrea son inescrutables. Pero siempre acaban en éxito.

Pepi: ¿Sí?

Érica: Hola, buenas tardes.

Pepi: Sí.

Érica: Hola soy Érica… Soy la nieta de Manuela Martín Quijada…

Pepi: Ah, sí.

Pepi y Loli habían trabajado juntas durante años y hasta habían estado juntas en la cárcel a finales de los 80.

Un día, Érica quedó con ella en su casa. Vieron fotos juntas, más fotos nuevas de su abuela. Pepi le contó que no recordaba a Loli como una mujer feliz. Le dijo que tenía cara de pena, y que siempre que volvía de Madrid, volvía con cara de mala hostia.

Pepi le contó a Érica que, en su mejor momento, ella y Loli ganaban entre 3 y 4 millones de pesetas al día, unos 50.000 euros de hoy. También le contó que invertían parte de ese dinero en abogados, en sobornos a policías y en los alquileres carísimos de los pisos en los que operaban. Y que, después de todos esos gastos, aún les quedaba bastante dinero, y que la parte de ese dinero que le correspondía a Loli acababa, o eso creía Pepi, en Madrid.

La charla, me contó Érica, fue muy reveladora: nadie le había dado tanta información sobre su abuela. Érica y Pepi iban a quedar otro día para que Pepi le volviera a contar todo esto, pero esta vez delante de una grabadora. Pero Pepi dejó de contestar a los mensajes de Érica.

Érica: Hola, ¿qué tal? Bueno, por aquí regular. Estoy un poquillo desmotivada porque bueno, había quedado para la entrevista hoy por la mañana, ayer me escribió y me dijo que mejor por la tarde porque se había comprometido a una cosa de trabajo y tal. Y hoy pues una hora y pico antes de la hora que habíamos quedado…

Y nunca nos volvió a responder. Ni a Érica, ni a Andrea, ni a mí.

Y mientras Érica perdía la esperanza por unos lados, la ganaba por otros. Un día, poco después de la conversación con Pepi, Érica y Andrea fueron a tomar algo con una amiga de Andrea. Y cuando le contaron lo que estaban investigando, la amiga les dijo “tenéis que ver el reportaje que hizo Línea 900 sobre el barrio”.

En cuanto llegaron a casa, corrieron al ordenador para buscarlo.

[Música]
Presentador: Esta noche el reportaje nos transporta a un barrio muy especial: el de San Francisco, en Bilbao, un barrio típico de metrópolis urbana donde conviven, entre otros, el paro, la droga y la marginación.

Y cuando se pusieron a verlo…

Periodista: La venta se produce a todas horas y en plena calle, a la vista de los vecinos.

No se lo podían creer.

Periodista: El barrio es un punto de distribución principalmente de heroína.

De repente Érica vio a alguien conocido.

Érica: Aquí, aquí…

Periodista: Muchas de las ventas se hacen en la puerta de los bares.

Érica: Y esa es mi abuela… Madre mía…

Periodista: A poco que se preste atención, se pueden presenciar movimientos sospechosos como estos que pudimos grabar con nuestra cámara.

Érica: Es que es muy fuerte…

A pesar del pixelado sobre su cara, el peinado rubio de Loli la hace inconfundible.

En la escena, la abuela de Érica se acerca a una mujer que acaba de salir de un bar. La mujer le da algo pequeño en la mano. Loli lo coge, camina exactamente dos pasos, se sienta en un portal, al lado de un hombre, y le da lo que llevaba en la mano.

Loli, traficando con drogas, emitido por televisión para toda España.

Érica y Andrea nos mandaron un mensaje al grupo mientras lo veían. Las llamé al instante.

Érica: ¿Isa?

Isabel: Érica, ¿cómo estás?

Érica: Estoy flipando. Hemos parado el docu, hemos parado el docu, en plan… ¿Hola? ¿En serio esto está pasando? Muy fuerte. Es que en cuanto ha aparecido mi abuela sabíamos que era ella. O sea… Es alucinante.

Isabel: Es alucinante.

El video no sólo muestra a Loli traficando. También prueba algo que ni Érica ni su madre sabían.

Isabel: ¿En principio tu abuela en qué año se fue de Bilbao?

Érica: En principio yo creía que después de que saliera de la cárcel, pero no, luego volvió…

Érica sabía que Loli había salido de la cárcel en 1990.

Érica: Pero claro, es que este docu está grabado en el 95… O sea, muy fuerte. O sea, es alucinante.

Isa: ¿Se lo has enseñado a tu madre?

Érica: No, no, a mi madre ya se lo contaré cuando vaya a Madrid tranquilamente en persona.

Fue lo primero que hizo Érica al volver a Madrid, enseñarle el vídeo.

Érica: Bueno, pues luego de ahí pues estuvimos cenando, ya nos fuimos a tomar algo con unas amigas de Andrea y tal y nos dijo “jo, pues tenéis que ver el documental de Línea 900 Bilbao”. Ahora no va a salir, jo, es que te quiero enseñar un vídeo…

Conchi: ¿Esto lo…?

Érica: Esto está publicado en el 95. O sea, emitido… Aquí está en el 95. Creemos que será del 95.

Periodista: Muchas de las ventas se hacen en la puerta de los bares. A poco que se presta atención se pueden apreciar movimientos sospechosos…

Conchi: ¡La abuela Loli!

Periodista: … como estos que pudimos grabar con nuestra cámara.

Érica: ¿Cómo te quedas?

Conchi: Ponlo otra vez… La madre que la parió…

Por si no se ha oído bien, Conchi ha dicho “la madre que la parió”.

Periodista: A poco que se preste atención, se pueden presenciar movimientos sospechosos…

Conchi: La madre que la parió…

Con el paso de los meses, y mientras avanzaba la investigación de su hija, Conchi iba perdiendo también el miedo a recordar.

Conchi: Estaba pensando, hija, que no sé si la abuela Loli vino a mi boda, ¿eh? Se lo tengo que preguntar a la tía…

E incluso, a veces, se ponía en el lugar de Loli.

Conchi: Que ha sido una vida dura, difícil, complicada y al final ha sido jodida. Su vida ha sido muy difícil, muy dura y luego encima pues ha finalizado mal.

Y eso también le hacía valorar cada vez más la investigación de su hija.

Conchi: Que muchos besitos hija, que estoy muy orgullosa de ti, la verdad. Y ella también lo estaría. De que te preocupes por lo que ha sido su vida y por las cosas que haya pasado. Estaría muy orgullosa. Estoy segurísima.

En el próximo episodio, Érica y su madre intentan conseguir el expediente policial de su abuela…

Conchi: ¿Y si me dicen que para qué lo quiero?

Érica: Si te preguntan que para qué lo quieres, “pues porque mi hija y yo estamos reconstruyendo la historia de la familia”.

Conchi: Vale.

Érica: Es por interés familiar.

Y Érica se atreve, por fin, a ir al lugar al que más le cuesta ir.

Mujer: ¿Y entonces esto cómo va? ¿Tú me haces preguntas?

Érica: Sí.

Mujer: Bueno. Yo me tengo que acercar, ¿no? Como si estuviéramos en la radio.

[Música]