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De eso no se habla
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Lunáticas. Episodio 4: El problema que tenía
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Isabel Cadenas Cañón: Durante muchos meses, en esta investigación, no hablamos del padre de Conchi. Aunque todas nos preguntábamos qué habría sido de él. Porque a Loli le habían colgado el papel de abandonadora, pero, ¿y el padre? ¿Dónde había estado el padre? ¿Por qué no había estado allí durante la infancia de su hija?

También sabíamos que este era un tema difícil para Érica. Y que era difícil, sobre todo, para su madre, para Conchi.

Conchi había vivido toda la vida sin su padre. Pero un día, ya mayor, se puso a investigar.

Érica: Mi madre le buscó… Porque, claro, mi madre y él no tuvieron contacto nunca. A los 33 años, mi madre tiró del listín telefónico.

33 años. La misma edad que tenía Érica cuando empezó esta investigación.

Conchi consiguió encontrar a Mateo, las familias se conocieron. Incluso pasaron algún verano juntas. Érica le llamaba “abuelo”. Después, pasó algo y se dejaron de hablar.

Érica: Él y mi madre discutieron. Por algo que tenía que ver con mi abuela, o si eres mi hija o no eres mi hija… Yo es lo que recuerdo, también yo ahí creo que cuando se conocieron tenía 11 años. O sea, que es que tampoco me acuerdo… Se han enfadado, ya está.

De eso hace 20 años. Y para Érica, Mateo era ya un recuerdo lejano. Pero de repente el expediente policial, y su nombre ahí, tan claro, lo habían acelerado todo. Érica hasta intentó llamarle.

Érica: Vamos, que puse la grabadora y todo, pero me bloqueé, tía, y me puse a llorar y me dio como una ansiedad tremenda…

Pero también sabía que, si quería llegar al fondo de la historia de su abuela, tenía que hablar con él.

Érica: Me he dado cuenta de que la pregunta que más he querido responder es qué pasó para que se fuera. Y la persona que más puede saber es él.

Bienvenidas y bienvenidos a Lunáticas.

[Sintonía]

Érica: ¿Qué pasó entre ellos?

Una serie de De eso no se habla y Producciones del KO.

Érica: ¿Erais novios, no erais novios? ¿Cómo os enterasteis de que se quedó embarazada?

Donde intentamos responder a estas preguntas…

Érica: ¿Fue eso lo que rompió la relación? ¿Ya estaba rota?

Y a alguna más.

Érica: ¿No había relación? ¿Sabías que Loli se fue? No sé, ¿eras consciente?

Este es el episodio 4, El problema que tenía.

Érica: ¿He tocado tantas puertas y no voy a tocar a esta?

Muchas veces, durante esta investigación, Érica ha querido estar acompañada. Quería estar acompañada en las entrevistas, pero también en otros momentos importantes. Como este, en el que está, por fin, a punto de llamar a Mateo. La primera vez lo intentó con Dani, su novio. Ahora, Andrea y yo estamos ahí para acompañarla.

Andrea: Pero si le hubiese pasado algo lo sabrías, ¿no?

Érica: Bueno, tiene Whatsapp, sigue teniendo Whatsapp, sigue estando una foto, o sea tiene una foto de perfil en Whatsapp, entonces…

Érica marca el número y se prepara.

Érica: Va a flipar…

[Teléfono]

¿Tendrá él su número guardado, el de Érica? ¿Habrá mirado también su foto, de vez en cuando? Tres tonos y nos inquietamos.

[Teléfono]

Pero al cuarto…

Mateo: ¿Sí?

Érica: Hola, ¿Mateo?

Mateo: Sí.

Érica: Hola, soy Érica, soy tu nieta, no sé si te acuerdas de mí.

Mateo: Ay, claro que me acuerdo. Muchas veces me he acordado, digo, ¿qué será de Érica?

Érica: ¿Qué tal estás tú?

Mateo: Bien, muy mayor, pero bien.

Érica había ensayado la conversación unas cuantas veces. Iba a decirle que quería hablar con él y, si él no quería quedar otro día, iba a intentar preguntarle ahí, en directo.

Érica: Llevo intentando llamarte un tiempo, porque, bueno, me daba un poco de cosa porque hacía tiempo que no hablábamos… Y bueno, este último año me he acordado mucho de ti, hasta he soñado contigo y todo, que hablábamos y no sé si te gustaría hablar conmigo y contarme… Porque estoy haciendo un documental en audio de la vida de mi abuela y bueno, han pasado muchos meses y siempre pienso, jo, me encantaría saber la versión de mi abuelo Mateo…

Mateo: No me importaría hablar contigo pero por teléfono no me apetece, no sé.

Érica: Bueno, pues voy a verte..

Mateo: Bueno, pues…

Mateo dijo que sí. Érica le propuso ir a verle a Sevilla, que es donde vive. Al principio dijo que no, que prefería ir él a Madrid, pero después fue pasando el tiempo, no terminaba de decidirse, y Érica consiguió convencerle: iría a verle a Sevilla. Así que reservamos un billete de tren para ella y para Dani y también una habitación de hotel. Porque Mateo, ante todo, no quería reunirse en su casa.

Ya en Sevilla, en el hotel, Érica está nerviosa

Érica: Y que luego, en todas las demás he estado con alguien. ¿Sabes?

Es la primera vez que Érica va a hacer una entrevista sola.

Érica: Es que… estoy muy nerviosa.

Dani: Ahora sí que sí.

En cuanto salen del ascensor, lo reconoce.

Érica: Está ahí…

Dani: ¿Cómo le has reconocido de espaldas?

Está sentado de espaldas, en la barra. Lleva camisa y zapatos.

Érica: Es él, seguro. Estoy casi segura…

Dani: Sí, es un señor…

Va hacia él y le dice… ¿Abuelo?

Érica: ¿Abuelo?

Mateo: Ey!

Érica: ¿Qué tal?

Primero toman un café y charlan un rato.

Érica: Mira, este es Dani.

Luego deciden ir a un lugar más tranquilo, en una esquina del hall del hotel.

Érica: ¡Qué bien te veo!

Mateo: ¿Me ves bien? Sí, me mantengo…

Y cuando Dani se pone a preparar los micros y entonces la charla ya se convierte en algo más parecido a una entrevista, Mateo trata de decir que él no tiene mucho que decir.

Mateo: No sé, que yo no tengo casi nada que decirte.

Érica: ¿Sabes lo que pasa? Yo creo que tú eres una persona que puede decirme cosas que nadie más me haya dicho, aunque sea poco.

Mateo: Ya…

Érica: ¿Sabes?

Mateo: Bueno…

Érica: Y yo creo que también… Cuando he estado durante este año hablando con más gente, aquí cada persona da su opinión. Entonces yo creía que tú también tienes que dar la tuya.

Dani los deja y Érica se queda sola frente a Mateo.

Después de haber hecho tantas entrevistas para esta investigación, Érica ha aprendido que tiene que empezar por hablar de cosas un poco más ligeras, que no puede empezar a preguntar directamente. Así que primero le enseña algunas fotos que ha ido consiguiendo durante estos meses.

Érica: Mira, sí tengo, porque claro…

Mateo: ¿Y estoy yo en alguna foto?

Érica: No. Fue de las primeras cosas que miré, porque…

Mateo: Claro, es que yo me acuerdo de hacerme fotos.

Érica: Mira, yo aquí tengo fotos que me dio mi tía Merce de cuando fue Miss.

Mateo: Tiene parecido tu madre… Muchísimo parecido. Mira, sí, esta es de cuando fue Miss.

Érica: Sí…

Mateo: Miss…

Érica: Moratalaz.

Mateo: Moratalaz, sí, sí.

Érica: Claro. ntonces yo tengo estas fotos de ese momento…

Mateo: ¿1963?

Érica: 63.

Mateo: Fíjate… Ahí tenía yo 20 años.

Érica: ¿Entonces vosotros os conocíais ya? Cuando… ¿Os habíais visto ya cuando ella fue Miss?

Mateo: Cuando ella fue Miss sí, ya nos conocíamos, de donde íbamos a bailar, las discotecas… Que también había veces que yo cogía y la llamaba. Y ella siempre que le decía yo “vamos aquí, vamos allá” ella siempre estaba dispuesta. Yo sí que, un poco… Yo le gustaba mucho, y entonces sí.

Ella siempre estaba dispuesta. A ella él le gustaba mucho. Él no dice si a él ella también le gustaba. Según Mateo, estuvieron así, encontrándose aquí y allá, durante 3 años: entre 1963 y 1966. Hasta que un día…

Mateo: Un día me dice “No, no, Mateo, no me llames más, que tú y yo no vamos a ningún sitio, tengo un novio formal y ya no quiero que me llames más”. Y le dije “Ay, perdona, Loli yo ya no te molesto más”, ¿no? Yo oía voces, que le decía “¿Dónde estás?” Dice “No, estoy en casa…”, digo “Ah no, es que oigo ahí un señor” y dice “Ah, es mi padre”. Estaría diciéndole el padre “Mándale ya a la mierda y tal y cual”, porque yo la verdad es que aparecía y desaparecía, no tenía ninguna seriedad. Es que tenía 20 años, no…

Es muy posible que, en ese momento, Loli ya estuviera embarazada. Érica piensa que quizá se lo acababa de decir a su familia. De ahí las voces que escuchaba Mateo al otro lado del teléfono: el padre de Loli, quizá también el resto de la familia.

Y quizá por eso, nosotras, al escuchar este relato, también necesitamos otra voz para completarlo. La otra parte de la historia. La versión de la única persona viva que puede contarnos cómo vivió estos días Loli: la voz de su única hermana, Merce.

Así que, de momento, vamos a dejar aquí, en pausa, la conversación entre Érica y Mateo, en ese hotel en Sevilla, y vamos a irnos a un pueblo de Madrid, a casa de Merce, para construir esta historia a dos voces.

Al fin y al cabo, puede que estos sean los días más importantes para entender la historia de Loli.

Quizá recuerdes que, en el segundo episodio de este podcast, Érica y su madre habían ido a visitar a Merce, la hermana de Loli, la dueña del archivo fotográfico familiar. Y que habían apagado la grabadora justo en la puerta. Y ahora, por fin, casi al final de esta investigación, Érica se ha atrevido a cruzar esa puerta, con la grabadora encendida.

Voces: Hola.

También va con Dani.

Érica: Bueno, él es Dani.

Merce: Encantada de conocerte.

Dani: Igualmente.

Y también aquí Érica empieza por un tema más ligero. Por las fotos de la familia que la misma Merce le había dado. Esas fotos que tanto le habían servido.

Érica: Bueno, te iba a enseñar que eso, que empecé haciendo… ¿Te acuerdas que vine aquí y me dejaste fotos? Haciendo un álbum de la abuela.

Merce: Sí. Ay, qué bonito… Qué bonito…

Érica: Entonces pues de cuando nació…

Merce: Mira, de cuando íbamos al colegio.

Érica: Esto era en el Lucero, verdad?

Merce era la hermana mayor de Loli. La hermana responsable.

Merce: Decía mi padre “a las ocho hay que estar aquí, lo mismo en invierno que en verano”. Pues siempre llegaba tarde y la decía mi madre “Esta semana que viene no sales”. “Porque tú lo digas”. “Esta semana no sales”. Y ya una semana dijo mi madre “Se acabó de salir”… Se metía en la habitación dando gritos, “Porque me voy a ir, porque me voy, porque aquí no me quedo, porque no me quedo, porque aquí yo me voy, porque abro la puerta y…”. Y se iba. Y venía cuando le daba la gana.

Un día, en 1966, su madre la llamó. Merce tenía 23 años, tres más que su hermana. Su madre, a la que todo el mundo en la familia llama “la yaya Conce” le dijo que tenía que contarle algo.

Merce: Me dijo la yaya, dice “Merce, que te tengo que dar una noticia. Que está… La Loli está embarazada”. Y dije yo, digo, “¿Cómo que está embarazada?”. Y efectivamente estaba embarazada.

Érica: Y cómo fue aquello?

Merce: Como ella tenía su novio, pues tampoco me… Hombre, te sienta mal. Pero vamos, que tampoco, no es decir que no tenía novio o ha sido con cualquiera…

Érica: ¿Porque tú conociste…?

Merce: Sí, sí, sí, sí. Claro que le conocí por.

Érica: Pero íbais juntos, o…

Merce: No, no, no, no. Yo le conocí pues porque iba a buscarla al portal de la yaya y he estado con ellos.

Ese novio que Merce conoció era Mateo.

Y ahora, de vuelta en el hotel de Sevilla, Mateo le cuenta a Érica que él se enteró del embarazo de Loli en aquella discoteca donde habían bailado juntos tantas veces.

Mateo: Y en esa discoteca es donde llegó ella a decirme el problema que tenía.

Érica: El que estaba embarazada.

Mateo: Eso es, sí. Me da así en la espalda y me dice “que tengo que hablar contigo”. Entonces nos fuimos así a un ladito… “Que es que estoy embarazada y tal”. Y digo… “Pero ¿ahora?” Si además, yo creo… La verdad es que no sé, no me recuerdo ni calculé yo el tiempo que había pasado ni nada, pero para mí que no…

Érica: Que no era posible.

Mateo: Que no era posible, había pasado más tiempo.

Mateo dice que no había calculado las fechas pero también dice que no era posible porque había pasado “más tiempo”. Él recordaba haberse acostado con Loli hacía más de nueve meses. Así que, de haber sido él, Loli ya tenía que haber parido, dice.

Érica: O sea, ¿y a partir de ahí qué pasa? O sea, me refiero…

Mateo: Yo le dije que no.

Érica: ¿Se lo cuentes a tu familia o tu familia…?

Mateo: Que no. Bueno, yo no me recuerdo, pero creo que sí… Pero no me recuerdo. No fue la primera vez que me pasa eso.

Érica: O sea que tú ibas de flor en flor…

Mateo: No, sí, es que me pasaba en aquella… Hombre, hay que ver que…

Érica: ¿Eras un ligón?

Mateo: Eran los años 60 y tanto… En esa época yo tenía una pandilla de amigos que vivían en Vallecas y ella… Yo ya cuando dejo de… Bueno, no es que dejo, todavía nos veíamos y eso. Pero ella también iba a ver a esta gente. Entonces yo de verdad, yo no creía que yo fuera el susodicho.

Érica: O sea que creías que era posible que fuera otro chico porque ella también se relacionaba con más chicos.

Mateo: Exacto.

Érica: Claro.

A partir de ahí, Mateo se desentiende. Pasan los meses y llega enero del 67. Loli está a punto de dar a luz. Y nosotras volvemos a casa de Merce.

Merce: Un día me dice “Que he meado en la cama”. Claro, ya estaba gorda. Dice “Que me meo en la cama”, digo “no me digas”. Y entonces yo a la vecina la dije, digo “Tere, que mi hermana…” y dice “No, no”,dice “eso es que ha roto aguas”. Y entonces corriendo nos fuimos a La Paz. Y luego sí que me acuerdo perfectamente que en La Paz le llamaron para decirle que iba a ser padre y él dijo que no quería saber nada, y le dijo la asistenta social “Eh, mira” dice “que va tu novia va a dar a luz” y dice “que no quiero saber nada”. Y nada. Y así fue.

Pero, según Merce, la historia de Mateo con Loli no acabó ahí.

Merce: Y a los dos o tres meses un día llama y le dice que baje a la niña para conocerla. Y mi madre no quería, pero mi hermana la bajó y le dijo “No te preocupes”, dice, “que yo todos los meses te voy a dar para que la niña… O sea, para que mantengas a la niña y eso”. Y qué va, y no… Nada.

Puede que ese sea el mismo encuentro que recuerda Mateo, pero de manera diferente.

Érica: ¿Y tú cuándo te enteras…? O sea, cuando sabes que mamá ha nacido, ¿tú puedes ir a verla o no?

Mateo: No, ella me llama un día y me dice “Mira, ven, ven, que te quiero enseñar a la niña”. Entonces “Ah, bueno, bueno, vale, voy, voy a verte”. Entonces, ¿dónde? Pues en el barrio suyo, ¿no? Y venía con la niña. Y me enseñó a la niña y yo le decía “Pero Loli, por favor, que yo no, que yo no”. “Mira, mira qué bonita y tal”, “Loli, que yo no soy. ¿Tú no te acuerdas que me dijiste que tenías novio formal y tal?”. “Sí, no, pero eso fue porque me estaba regañando mi padre, no sé qué, fue todo…” En fin, un desastre. Una putada.

La siguiente fecha en esta cronología compartida aparece en el expediente policial que consiguió Érica. Es julio de 1967. Conchi tenía seis meses. Y la policía se presentó en casa de Mateo.

Mateo: “¿Mateo Sánchez?” “Sí”. “Pues nos tiene usted que acompañar”. “¿A dónde?” “A la comisaría”.

Loli había denunciado a Mateo para que reconociera la paternidad de su hija. Érica le enseña el expediente..

Érica: Mira. Porque yo en todo este año he investigado muchas cosas y una de las cosas que hice fue pedir el expediente policial de mi abuela. Y lo primero que hay es esto que me estás contando. Va ella a la policía, y que luego la policía va a tu casa…

Mateo: Ah, sí, ¿no?

Érica: Y la declaración y todo, de los dos…

Mateo: ¿Y aquí qué dice? Dímelo tú.

Érica: ¿Te lo leo? Bueno, pues… Aquí lo que dicen es que tú, nada más tener conocimiento de que la compareciente, mi abuela, estaba embarazada, dejó de salir con ella… Esto es la declaración como de ella, es su versión.

Mateo: Claro, que en ese momento dejé de… No, es que pasaba…

Érica: Y que cuando nació la niña, tampoco quiso saber nada, negándose a casarse y dar apellido a la niña. Y no teniendo más que añadir, bueno, hacen investigaciones.

En esa declaración, Mateo admitió haber tenido relaciones sexuales con Loli “dos o tres veces” en las fiestas de Moratalaz del año anterior.

Mateo: Sí, sí, yo no tenía por qué decir que no, yo no tenía por qué mentir. Porque en esa época no había prueba de ADN ni nada, ¿no? O sea que no te podían decir “Usted es el padre”, ¿no? Entonces, si yo hubiera dicho “No, yo con ella no he estado” pues a lo mejor no hubiera tenido tanto problema, pero bueno. “Sí, sí, yo he estado con ella pero yo no soy porque no coincide”… Para mí no coincidían las fechas.

Frente a la policía, mantuvo la misma versión que mantiene ahora frente a Érica.

Mateo: Vinieron dos amigos míos, que ellos estaban dispuestos a decir que ella estaba con otros novios en esa época y tal. Pero les dije yo que no, que de ninguna manera.

Érica: ¿Y por qué?

Mateo: Porque no quería yo no hacerla el feo ese de que pensaran que… No, ¿sabes?

Érica: Porque era feo, que pensaran que estaba con varios hombres.

Mateo: Claro, en esa época, jo, claro. Y el juez, no sé si era el juez o un oficial o algo, pues él sacó sus conclusiones y no pasó nada.

No pasó nada entonces, pero sí pasó algo después. Resulta que en la partida de nacimiento de Conchi, al margen, hay una anotación que se añadió años más tarde: en esa anotación aparece el nombre de Mateo. Y dice que es el padre de Conchi.

Érica: Claro, mamá durante una temporada tuvo los apellidos de la abuela, los mismos apellidos que ella, y luego, como que años después sale aquí como al margen… Sale tu nombre. Y pone que hay una sentencia de reconocimiento.

Mateo: Sí, porque se ve que le ponen los apellidos de… Se ve que le ponen los apellidos del abuelo, o de la abuela, y luego indagando, viendo esto, pues diría “Ah, pero si aquí hay…”. Claro, a mí no me dicen nada pero a lo mejor ahí el juez dice que yo soy el padre, o que consideran que yo lo soy, porque no lo pueden demostrar. Nadie puede demostrarlo, ni que sí ni que no, y no sabemos, o sea…

¿Es posible que a Mateo nadie le comunicara la resolución de esa sentencia? Érica cree que sí, es posible. Lo cree porque, de hecho, tampoco le dijeron nada sobre esa sentencia de reconocimiento a Loli, ni a su familia.

Durante muchos años, Conchi llevó los apellidos de su madre, porque, como ya sabemos, Mateo no había querido reconocerla. Pero un día, cuando Conchi ya tenía unos 10 años, la familia tuvo que pedir su certificado de nacimiento. Y ahí encontraron esa anotación al margen: esa sentencia de reconocimiento favorable que decía que los jueces habían decidido que sí, que Mateo era su padre. Se la encontraron por sorpresa. Y de repente, Conchi tuvo que cambiar sus apellidos: en la escuela, en el DNI, en todos lados.

Le avisaran o no, lo cierto es que Mateo siguió con su vida.

Mateo: Al final me da una pena horrible. Muchas veces lo pienso, lo mal que lo tuvo que pasar, pero yo de ninguna manera me hubiera… Me hubiera casado. Porque es que las circunstancias no se me daban para eso, ¿no?

Al otro lado, Loli, madre soltera, empezó a trabajar en la base estadounidense de Torrejón de Ardoz. Merce cuenta que, cuando volvía a casa, cuidaba de su hija, cuidaba de Conchi. Hasta que un día, desapareció.

Érica: ¿De la noche a la mañana se fue?

Merce: Sí, de la noche a la mañana…

Érica: ¿Y cómo os enterasteis de que se fue?

Merce: Pues porque no venía, esta… Ella se fue y no llamaba a la yaya ni nada. Y llega la noche y que no viene y que no viene… Y llega otro día y ya mi madre dijo “Pues voy a ir a la base”. Y le dicen “No, señora, ella pidió la liquidación y ella se ha ido”. Había pedido la liquidación y se marchó.

Y ya no volvió.

Merce: Estuvimos muchos años sin saber de ella, de dónde estaba ni nada, si vivía o no, y mi madre decía “Virgen santísima de Navahonda, dime si mi hija vive o no vive.”

El resto de la historia de Loli hasta que llegó a Bilbao la conocemos por el expediente policial. Cuando se fue de su casa, su padre fue a denunciar la desaparición de su hija a la policía. En el expediente pone lo siguiente: “lo denuncia por si le hubiera ocurrido algo o algunas personas la hubiesen coaccionado para ello”. El padre también dice que su hija es más bien baja, pelo castaño corto, ojos castaños, y va vestida con un traje de cuero y chaquetón de paño de color gris, y que no se hace cargo de los gastos de regreso al hogar de su hija.

Según el expediente, parece que Loli estaba en Granada, pero luego la buscan en una “sala de fiestas o establecimiento similar de Córdoba”. De ahí pasa por Zaragoza, por Santander. Hasta que llega a Bilbao y empieza la vida que ya conocemos por los episodios anteriores de este podcast.

Érica sabe que esa es la vida que eligió su abuela. Pero también se pregunta qué hubiera ocurrido si hubiera elegido otro camino, si se hubiera quedado en Madrid, si hubiera criado a su hija en el mismo barrio, como madre soltera.

Así que, una vez más, vamos a dejar a Mateo durante unos minutos en ese hotel de Sevilla, y vamos a irnos a Moratalaz, al barrio de Érica.

[Música]

Érica: Pues me acabo de bajar ya en Moratalaz y voy a buscar a Andrea…

Desde el principio de la investigación, Érica tenía apuntado un nombre en su agenda.

El de Manoli, una amiga de su abuela que Érica creía que podía ayudarle a comprender esa otra vida que no vivió hubiera podido vivir su abuela.

Érica: ¡Hola!

Andrea: ¿Esto hay que grabarlo?

Érica: Sí, por que hay que grabar todo.

Debo decir que yo no entendía muy bien ese afán por encontrar a una mujer que ni era familia ni parecía saber mucho de su abuela. Pero para Érica parecía ser un asunto pendiente. Ella y Andrea insistieron mucho, así que esta fue una de sus últimas misiones juntas en esta investigación.

Andrea: ¿Tus bisabuelos vivían aquí?

Érica: Sí, y mi familia, mi madre ha vivido aquí toda la vida.

No sabían su apellido, no tenían su teléfono ni su dirección. Solo sabían que Manoli vivía en un portal cerca del que había sido el de su abuela. Pero, de alguna manera, Érica y Andrea consiguieron encontrarla.

[Telefonillo]

Érica: Qué lista eres. O sea que tendría que ser ese.

También consiguieron convencerla para que las dejara entrar en su casa y para que las dejara grabar la conversación.

Manoli: A ver, decidme.

Érica: Pues eso, estamos intentando encontrar a gente que conocía a mi abuela…

Pero, en realidad, y por primera vez en esta investigación, ellas no estaban allí para hablar de Loli. O no directamente.

Manoli: Bueno, sí, sí, muy malo, muy malo. Y no te creas que yo también soy madre soltera, ¿eh?

Loli era una excusa para hablar, precisamente, de eso.

Manoli: Y entonces bueno, lo pasábamos muy bien. Yo la peinaba porque siempre se me ha dado muy bien… Y bueno hasta que pasan las cosas, cariño.

De lo que significaba ser madre soltera en la misma época en la que lo fue Loli.

Manoli: Pues mira, me traje aquí a un familiar de Valencia, empecé a salir con ella, me llevó a una discoteca a una fiesta… Y ahí me hicieron algo porque yo no sé cómo me quedé embarazada, ¿no ves? Cada una es una historia… Que no te viene el periodo, que no te viene el periodo… Y ya está. Ya sabes, ya tienes una hija y es como si hubieses hecho una cosa muy mala… Entonces… Y ya, pues incluso, por tu madre, no te echaban de casa pero… Ya eras la criada para todo.

Y es que Manoli decidió quedarse en Madrid, con su hija y con sus padres, la vida que no eligió Loli. Pero Manoli no lo pasó bien.

Manoli: Por la forma de ser también de mi familia, claro, ya no salía con nadie yo. Ya me dediqué exclusivamente…

Érica: Pero… Dices por la forma de ser de tu familia… ¿Por haber tenido una niña sin haber estado casada?

Manoli: Sí, claro.

Érica: Es que tenía que ser…

Manoli: No, no, muy mal, muy mal, muy mal… Eran otros tiempos. Es que la gente era muy mala. Yo tenía una vecina aquí abajo que hasta me seguía para saber dónde iba cuando yo salía con mi tripa a dar una vuelta, cuando me decían que tenía que andar.

Érica: ¿En serio?

Manoli: Sí, sí… Y todo el mundo en el barrio lo supo por ella.

De hecho, la familia de Érica también la recordaba así, como la chica del barrio que se quedó embarazada sin estar casada.

Manoli: Yo me acuerdo que cuando salías con alguien… Todos decían que sí, que no les importaba, que qué importa… Pero no les importaba hasta que… Si podían sacar algo de ti. Luego, si tú tienes una niña, no querían nadie con una niña.

Manoli les contó que su familia se hizo cargo de la niña, pero que no lo hicieron gratis.

Manoli: Quieras o no te están haciendo un favor con que se quede aquí lo que has tenido… Bueno, yo he tenido que dar mi sueldo hasta que mi madre se murió, que se ha muerto en el 2009. Y toda la vida echándotelo… Tu misma familia echándotelo en cara, ¿eh? O sea que no, muy mal. Muy mal. Por eso digo a mis nietas que se preparen, que vivan la vida, que la vivan a tope…

Érica y Andrea pasaron un rato largo hablando con ella, entendiendo cómo lo pasó esta mujer que optó por otra vida: la que podía haber tenido Loli si se hubiera quedado en Madrid. La otra cara de la moneda. La posibilidad que no fue.

Manoli: Bueno cielo, igualmente, que sigáis tan monas.

Érica: Muchas gracias, hasta luego, adiós.

Manoli: Y vivid la vida, cariños, pero tened mucho cuidado, ¿vale?

Érica: Vale.

Manoli: Y más ahora con todo lo que hay.

Érica: Adiós.

Nunca sabremos, claro, qué habría pasado con Loli si se hubiera quedado. Solo conocemos lo que vivió, y lo conocemos después de muchos meses de investigación de Érica y Andrea.

Pero ¿y Mateo? ¿Qué hizo mientras Mateo? Eso sí lo sabemos.

[Música]

Muy poco después de que Conchi naciera, Mateo aprovechó una oportunidad laboral para irse de Madrid, y de ahí siguió viajando.

Después, formó una familia, con mujer e hijos, mientras Conchi crecía con el relato de una madre que la había abandonado y de un padre del que nunca supo nada pero cuyo nombre recordaba toda la familia. Hasta que, como ha contado Érica al principio de este episodio, cuando tenía 33 años, Conchi se puso a investigar. Quería conocer a su padre. De esto hablaron, casi al final de la conversación, Érica y Mateo, de vuelta en ese hotel de Sevilla.

Érica: Cuando más o menos mamá tenía la edad que yo tengo ahora, más o menos, ella decidió que quería conocerte y hablar contigo. Y ella te buscó y creo que fue… El listín telefónico, no me acuerdo muy bien cómo fue.

Mateo: Sí.

Las familias se conocieron, pasaron un tiempo juntas y Érica empezó a llamar “abuelo” a Mateo. Pero un día Conchi y él discutieron. Mateo seguía diciendo que él no era el padre de Conchi.

Mateo: Entonces, cuando yo la vi, dije “Ah, la misma cara de la madre”. Claro, si yo llego y se parece a mí totalmente, entonces… Pues a tu madre le dije eso, digo “Es que a mí no me parece que yo sea tu padre” ¿no? “No, no, sí, pues ella dice que sí”, tal. “Yo digo que no, que yo creo que no”, porque…

Justo por esos años empezaron a existir pruebas de paternidad fiables y Mateo decidió zanjar el asunto y pedir una.

Mateo: Yo fui el que la pedí, ¿eh? Que me costó el dinero además, me costó 300 y pico mil pesetas. No me costó tres duros.

Los resultados de esa prueba dicen lo siguiente:

Primero. El estudio de los diversos marcadores genéticos moleculares utilizados no ha permitido excluir la paternidad de Mateo Sánchez como padre de Concha Sánchez.

Segundo. El análisis estadístico de la probabilidad de paternidad de Mateo Sánchez respecto a Concha Sánchez, teniendo en cuenta la estructura genotípica del presunto padre y la distribución de los distintos marcadores analizados en la población, ha concedido probabilidad de paternidad del 99,9%, lo que corresponde a una paternidad prácticamente probada.

Loli, la locatigüisquis, la mujer despreocupada, la que, decían, se acostaba con muchos hombres, solo había señalado a uno de ellos como el padre de su hija. Y tenía razón.

Mateo: Pues fíjate, si quieres que te diga la verdad, pues yo sigo diciendo que… Que estoy dudoso, vamos.

Érica: ¿Y por qué crees que es eso? Si la prueba de ADN…

Mateo: Porque, cuando llegamos a hacer la prueba, la chica, la señora, la doctora me dice “Ah, ¿es usted tal? Ah, sí, sí, pase por aquí”. Y entro y resulta que era amiga de tu madre, o tu madre les había llamado para hacer la prueba… Y entonces lo vi todo muy fácil, muy preparado… Yo que sé, por eso te digo que yo… No lo sé, no sé. Pero, vamos, debo estar equivocado. Sigo pensando que no…

Érica: ¿Crees que es más duro pensar que sí? O sea, que a lo mejor piensas que no porque es más duro reconocer que sí?

Mateo: Reconocer… No lo sé, la verdad. No, eso no te sé decir. Yo, la verdad es que yo… Es una pena grandísima, yo lo pienso muchísimo a veces y… Fue una putada, la verdad, en mi vida, ¿no? Yo soy muy buena persona, he hecho bien a todo el mundo, he trabajado y he hecho las cosas bien y eso… Eso me tiene un poco dolido, la verdad.

Érica: ¿Pero entonces yo te puedo seguir llamando abuelo o no?

Mateo: Pues sí.

Érica: Ah, vale (risas).

Mateo: Pues sí, claro que sí.

Mateo ha sido siempre muy cariñoso con Érica. Hoy, por ejemplo, ha dejado que grabe esta conversación porque sabe que para ella es importante. Aunque a él le incomode.

Pero la relación con su hija, con Conchi, ha sido siempre más difícil.

Mateo, que ha tenido un buen trabajo, recuerda algunos momentos en los que ayudó a Conchi económicamente. Un verano, por ejemplo, le dio dinero para que mandase a Érica a un campamento que ella sola no hubiera podido pagar.

Pero Mateo no estuvo allí cuando su hija lo necesitó de verdad. No estuvo cuando Loli desapareció y Conchi tuvo que criarse con sus abuelos. Tampoco estuvo después, cuando nació Érica, ni en ningún otro momento importante de la vida de su hija.

¿Y Conchi? ¿Cómo vivió todo esto Conchi? La ausencia de su padre, la de su madre, el estigma de ser la hija de una madre soltera. Criarse con sus abuelos. Las noticias de su madre a cuentagotas y entonces un nuevo estigma.

En el episodio final, nos sentamos en torno a una mesa y hablamos, por fin, con ella, con Conchi.

[Sintonía]